¿De qué trata esto? No lo sé. Me resulta complicado explicar lo que sucede en los tediosos 180 minutos. Solo siento un deseo, y es que termine pronto. No hay manera.
Los diálogos y las situaciones presentan un nivel chispeante, mostrando tanto malicia como talento. 'Sentimental' se aprecia tanto visual como auditivamente, resultando ser una película divertida.
Es interesante observar cómo se rompen esas normas sagradas que presentan Houellebecq y Depardieu. Sin embargo, el resto de la trama carece de gracia, aunque intenta ofrecer momentos que rozan lo grotesco.
El cineasta finlandés irradia magia en su obra y cuenta con un público leal; no es un ilusionista que engaña. Posee historias que contar y ha encontrado la manera de hacerlo. Se trata de una película singular, agridulce y conmovedora.
La desnudez de Johansson no compensa la falta de sustancia de la trama, que resulta absurdamente desconectada. Es un delirio carente de gracia, una serie de encuentros que parecen sacados de un universo marciano.
Los gags, los diálogos y las situaciones son excelentes, la comedia se entrelaza con la espectacularidad. Sin embargo, me siento abrumado por la cantidad de brujas presentes. Aun así, sería injusto enfocarme únicamente en los defectos del desenlace.
Esta película presenta virtudes propias del cine independiente, aunque también exhibe ciertos defectos. Me atrapó especialmente la actuación desbordante de la pequeña Brooklyn Prince, quien interpreta a una niña de seis años.
Rutinaria y plana. Ninguno de los personajes, ni lo que hacen ni lo que dicen, reúne el menor interés. Los malos tiempos se prolongan demasiado en el cine de Paul Schrader.
Revisé la mitificada 'Easy rider'. Es mediocre, y a ratos grotesca. Lo único admirable en ella es la interpretación de Jack Nicholson y la excelente banda sonora. El resto es un tripi chungo.
Pretende ser inquietante, realista, variadas cosas. No me provoca ni rechazo ni cuelgue. No entro en una intriga que pretende ser compleja. Me da igual.
No alcanza la complejidad, el suspense y la profundidad de sus anteriores crónicas de crímenes, pero está contada con la inteligencia, la imaginación y el atrevimiento que caracteriza a este impagable artista.
No aporta nada nuevo, aunque se percibe el toque sardónico del director. Es probable que Jarmusch se haya divertido mucho haciendo una película de zombis, pero esa alegría no logra contagiarme.
Tal vez sea involuntario en Guédiguian intentar adoctrinar, pero siempre me mosqueo ante esa actitud tan popular. El espectador habitual de la obra de Guédiguian sabe lo que espera. Yo la sigo con relativo interés. No me aburro. Y eso es bastante.