Nada resulta sorprendente en ella, pero está bien contada la investigación, un producto deliberadamente comercial, resuelto con soltura, ambientado con mimo.
Los gags, los diálogos y las situaciones son excelentes, la comedia se entrelaza con la espectacularidad. Sin embargo, me siento abrumado por la cantidad de brujas presentes. Aun así, sería injusto enfocarme únicamente en los defectos del desenlace.
Todo lo que me cuenta Rosales me provoca un tedio excesivo, pero también lo que pretende sugerirme, o lo que me oculta. La visualización de la grisácea cotidianeidad de este profesional del horror me parece tan estéril como pretenciosa.
Una película tan rara como turbadora. Jaime Rosales sigue experimentando con el lenguaje narrativo pero, a diferencia de tantos impostores y modernos, él consigue resultados atractivos.
Rutinaria y plana. Ninguno de los personajes, ni lo que hacen ni lo que dicen, reúne el menor interés. Los malos tiempos se prolongan demasiado en el cine de Paul Schrader.
La veo con desasosiego, sensación que perdura al recordarla. El planteamiento de Oren Peli es brillante. Con sentido de la atmósfera, escasas trampas, habilidad, imaginación y posibilismo.
Revisé la mitificada 'Easy rider'. Es mediocre, y a ratos grotesca. Lo único admirable en ella es la interpretación de Jack Nicholson y la excelente banda sonora. El resto es un tripi chungo.
Le permite desarrollar a Chaplin una historia con prólogo, nudo y desenlace. Y lo hace admirablemente, combinando humor, esperpento, ternura y sentimiento. Mantendrá su atractivo en los próximos siglos.
No hay argumento, ni historia, ni estructura, ni ritmo. Solo se presentan caprichosas imágenes en blanco y negro, mientras una voz en off enigmática, que parece ser el alter ego del creador, cita a Matisse, Brueghel y Picasso. Me pregunto si soy yo, y los pocos espectadores que parecen seguir alucinando con la obra de Godard, o si es la vasta mayor
Esta película presenta virtudes propias del cine independiente, aunque también exhibe ciertos defectos. Me atrapó especialmente la actuación desbordante de la pequeña Brooklyn Prince, quien interpreta a una niña de seis años.
Un filme sin concesiones, sólido pero desagradable. Zalla es un poderoso creador de atmósfera, encuentra el lenguaje perfecto para contar su historia y los actores desprenden realismo.