Un encanto y una gracia notables. El tiempo se te hace muy corto y abandonas la sala con una agradecida sonrisa. Los presuntos marcianos de Kaurismäki están llenos de vida.
No es una película retórica ni sensiblera, aunque el tema se prestara a ello. Tal vez le sobre el previsible desenlace. Pero, sobre todo, está la interpretación de Ricardo Darín.
Una comicidad en estado de gracia. Allen, con un desbordante sentido de la lógica, presenta lo mejor de sí mismo. Es puro ingenio; imagina lo que a otros no se les ocurre y ofrece una forma tan compleja como valiosa de observar la vida.
Diálogos, personajes y situaciones llevan la marca de un creador de altura. Un desenlace decepcionante y blando. El resto es tan inteligente como perturbador.
Una película irregular, pero turbadora. Es una rareza que posee un extraño encanto, con un tono más sombrío que humorístico y un lirismo inusual que alterna entre momentos de intensidad y calma.
No me sirve para reconciliarme con Kitano pero es más digerible. Logra que sientas comprensión y ternura por este alienígena, por alguien suicida que siempre tuvo pavorosamente claro lo que quería hacer.
Dos horas y media que acaban haciéndose interminables. Es una película que no provoca ni frío ni calor, aunque se empeñe en ser intensa, agridulce y compleja.
Material tan dramático y lúgubre adquiere una fluidez, una complejidad y una gracia notables en manos de un director que sabe alternar las luces y las sombras, explotar el lado cómico de situaciones trágicas. Interpretación comparable a la que logró en la preciosa comedia "Mejor imposible"; te hace reír, te emociona, te enamora.