Me provoca la certeza de estar frente a algo que fascina y repele al mismo tiempo. La atmósfera es tanto enfermiza como excitante; da miedo y asco, pero también tiene un imán que atrae. El clima es desolador, pero logra empaparte.
Como sus personajes, puedes acabar vomitando. Me repele el cine de Ferreri que hizo después de esas dos películas formidables tituladas 'El pisito' y 'El cochecito'.
Pretende ser inquietante, realista, variadas cosas. No me provoca ni rechazo ni cuelgue. No entro en una intriga que pretende ser compleja. Me da igual.
No poseía ninguna referencia de su trabajo [de Alché y Naishtat] pero ha sido un placer conocerlo en esta rara y divertida película. (...) Hay poder de observación en el complejo argumento (...) Y están muy bien los intérpretes.
Reconoces el mismo escenario y la atmósfera turbia que generaba 'Cuatro meses, tres semanas y dos días'. Sin embargo, mientras Mungiu lograba involucrarte de manera angustiosa en aquella película, aquí resulta que el drama de los protagonistas no logra despertar la misma intensidad emocional, dejándote indiferente ante su sufrimiento.
No alcanza la complejidad, el suspense y la profundidad de sus anteriores crónicas de crímenes, pero está contada con la inteligencia, la imaginación y el atrevimiento que caracteriza a este impagable artista.
Una película misteriosa y excelente. Ozon crea una apasionante tela de araña, coronada con un final en estado de gracia. Todo resulta hipnótico y perturbador.
Constato con envidia que las carcajadas son frecuentes e interminables en gran parte de la sala. Si me aburro tanto, el problema debe ser mío y no de la película, que sospecho que nuevamente se presenta como una obra de culto.
Sexo filmado de forma explícita y en diversas variantes. Sigo sin entender qué pretende contar el director. Sospecho que él tampoco lo sabe, pero deja en cada plano claro que se considera un autor.
Espero en vano durante 85 minutos muy largos que aparezca un gag, una idea, un chiste, un diálogo, un personaje, que me arranquen no ya la siempre venturosa carcajada, sino tan sólo la agradecible sonrisa.
No aporta nada nuevo, aunque se percibe el toque sardónico del director. Es probable que Jarmusch se haya divertido mucho haciendo una película de zombis, pero esa alegría no logra contagiarme.
Solté varias carcajadas interminables y mantuve la liberadora sonrisa durante la proyección de La Comunidad, dirigida por ese virtuoso de la imagen, señor dotado de humor contagiable, imaginativo, perveso y arriesgado Alex de la Iglesia.
Tal vez sea involuntario en Guédiguian intentar adoctrinar, pero siempre me mosqueo ante esa actitud tan popular. El espectador habitual de la obra de Guédiguian sabe lo que espera. Yo la sigo con relativo interés. No me aburro. Y eso es bastante.
¿De qué trata esto? No lo sé. Me resulta complicado explicar lo que sucede en los tediosos 180 minutos. Solo siento un deseo, y es que termine pronto. No hay manera.
Trier describe los sentimientos y las situaciones con vocacional sutileza y con una sofisticada narrativa visual. curiosa y original película, me interesa esta enigmática mujer que parece muy normal.