Obra maestra de Christopher Nolan, El caballero oscuro, recreándose en un Batman aún más trágico que épico y con el maquiavélico anarquista El Joker creando un perdurable monumento a la crueldad.
Su encomiable lección de historia me resulta bastante tediosa, me desintereso de los dramáticos recuerdos de esos hombres y mujeres que hablan en planos fijos que no se acaban nunca.
La ambientación, esencial para el desarrollo de esta historia, es impresionante. La combinación de actores profesionales con locales es efectiva. Aunque no se trata de una obra maestra, resulta ser una película bastante digna.
Cuenta con realismo y veracidad alarmantes la imposibilidad de escapar de ese imperio maléfico, de víctimas y verdugos intercambiables, del control que ejerce la Camorra en todos los aspectos de la existencia.
Woody Allen divierte con su magistral estilo. Ofrece un nuevo recital de inteligencia y lucidez, además de una profunda comprensión de los anhelos, miedos, miserias, engaños y grandezas de la condición humana.
Una película irregular, pero turbadora. Es una rareza que posee un extraño encanto, con un tono más sombrío que humorístico y un lirismo inusual que alterna entre momentos de intensidad y calma.
Acaba enganchándome. Sin excesos. Me intriga progresivamente cómo va a acabar este relato (...) los diálogos poseen agudeza (...) Pero, ante todo, encuentro hipnótica y admirable la interpretación de tres actrices privilegiadas.
Lanthimos y su obligación de ser el más retorcido y posmoderno convierte progresivamente la historia en una repetición de momentos sin la menor gracia, en un planificado y aburrido disparate.
Con 'Murieron por encima de sus posibilidades', dirigida por Isaki Lacuesta, me asalta directamente el bochorno, esa sensación tan ingrata de la vergüenza ajena.
Polanski extrae con talento todo lo que pretende de sus intérpretes, aporta su malicioso sentido del humor, sale triunfador del osado experimento. No es una película deslumbrante, pero sí divertida y con un punto de inquietud.