He leído por ahí que esta extraordinaria película marca un antes y un después en el lenguaje cinematográfico. Estoy convencido de ello, es imposible hacerlo peor.
Está bien contada, pero le falta algo; huye del maniqueísmo, pero me resulta fría; dispone de muchos elementos y situaciones para conmover, pero la veo y la escucho distanciado. Es honrada, pero no brillante.
Momentos graciosos y subversivos, algún diálogo hilarante, un planteamiento que te remite inevitablemente al mundo de Rafael Azcona. Tengo más que curiosidad ante las próximas películas de Paco León, de un director tan listo como raro.
A pesar de sus pretensiones de ser revolucionaria, resulta ser simplemente ridícula. Esta obra muestra un alarde de estupidez complacida, una osadía expositiva sin sentido, situaciones deplorables y actuaciones lamentables.
Durante un prudente rato espero conectar con los problemas de estos náufragos urbanos. Pero no hay manera. Mi frigidez emocional ante su tragicomedia es absoluta.
Película extraña, intensa y emotiva a la cual me acerco con la sospecha de que mi paciencia no va a resistir hasta el final y de la cual salgo conmovido.
Extraña, pero también hermosa. Lo que en una primera impresión me resultaba agotador o irritante, ahora me parece magnético. El constante juego de máscaras tiene un propósito; esa avalancha de imágenes hipnóticas puede fascinar la vista.
Descubro todo lo bueno de 'Nebraska' en la segunda visión. tiene momentos conmovedores, de verdad. Y también aparece un personaje memorable admirablemente interpretada por June Squibb.
Si pretende ser una comedia surrealista, no entiendo dónde está su gracia. Además, como retrato costumbrista, tampoco logro encontrarle encanto. Es una película extraña en el peor sentido.
Me atrae lo que veo y escucho, pero también me inquieta. Si bien el inicio es dinámico y vibrante, el desarrollo y el final se sienten excesivamente dulcificados, festivos y predecibles. Al recordarla, se me viene abajo. No logro creérmela.
Inteligencia, tono y talento. una película con personajes y situaciones tan atractivas como creíbles, diálogos en posesión de agudeza y alma, actores espléndidos.
Una película que se acerca en el tono, en el estilo, en su tragicómico retrato de la existencia a aquellas perdurables comedias que alguna vez hizo el cine italiano.
Un encanto y una gracia notables. El tiempo se te hace muy corto y abandonas la sala con una agradecida sonrisa. Los presuntos marcianos de Kaurismäki están llenos de vida.
No es una película retórica ni sensiblera, aunque el tema se prestara a ello. Tal vez le sobre el previsible desenlace. Pero, sobre todo, está la interpretación de Ricardo Darín.