Material tan dramático y lúgubre adquiere una fluidez, una complejidad y una gracia notables en manos de un director que sabe alternar las luces y las sombras, explotar el lado cómico de situaciones trágicas. Interpretación comparable a la que logró en la preciosa comedia "Mejor imposible"; te hace reír, te emociona, te enamora.
Qué trilogía tan hermosa. Me enamoró directamente. Siento añoranza del cine que hacía este director tan lúcido y lírico como desasosegante. De las atmósferas que creaba, de su carnalidad, de su espiritualidad.
Para que su comedia y drama te impacten, es necesario involucrarse en la historia. Sin embargo, yo no lo logro. No me interesa quién salga victorioso de la batalla. La fábula resulta tan evidente como vacía y parece no tener fin. Además, sus personajes me generan gran frustración.
Acaba enganchándome. Sin excesos. Me intriga progresivamente cómo va a acabar este relato (...) los diálogos poseen agudeza (...) Pero, ante todo, encuentro hipnótica y admirable la interpretación de tres actrices privilegiadas.
Tengo la sensación de que el creador es tan farsante como sus personajes. Las situaciones se alargan intolerablemente, los chistes son tan rebuscados como poco eficaces, nula mi complicidad con el sentido del humor de Ruben Ostlund.
Lanthimos y su obligación de ser el más retorcido y posmoderno convierte progresivamente la historia en una repetición de momentos sin la menor gracia, en un planificado y aburrido disparate.
Hay humor en estos sucesos bárbaros pero es una gracia muy negra. Y es transparente la inteligencia, la osadía y la crueldad de un director tan original como perturbador.
La historia es magistralmente presentada por un director con una personalidad arrolladora. Los diálogos son excepcionales. A pesar de que la han etiquetado de manera condescendiente como una película pequeña, yo la considero una obra grande. Me deja profundamente impactado.
Con 'Murieron por encima de sus posibilidades', dirigida por Isaki Lacuesta, me asalta directamente el bochorno, esa sensación tan ingrata de la vergüenza ajena.
Polanski extrae con talento todo lo que pretende de sus intérpretes, aporta su malicioso sentido del humor, sale triunfador del osado experimento. No es una película deslumbrante, pero sí divertida y con un punto de inquietud.
Todo parece copiado. El cóctel preparado por el director, que mezcla sus influencias, resulta tan evidente como innecesario. Incluso para rendir homenaje es necesario contar con talento.