Escasa gracia en las nuevas emociones. La continuación se desarrolla con absoluta pulcritud en las imágenes, de forma monótona, sin capacidad de sorpresa, sabiendo que la apuesta descansa en lo seguro.
La película no es perfecta, tiene bajones, no provoca sensación de enamoramiento, pero posee momentos admirables y complejos. 'Los Fabelman' desprende sensación de verdad y tiene matices.
Palomero narra de forma auténtica y cautivadora. La película está repleta de gestos sutiles y reveladores, permitiéndonos adentrarnos en el mundo y los desafíos de estas adolescentes. La personalidad que irradia Quílez es realmente fascinante.
Spielberg ofrece un derroche de entusiasmo y una producción excepcional. Ha intentado construir un gran espectáculo con la intención de revivir las salas de cine. Desearía que realmente funcionara, aunque tengo serias dudas al respecto.
Salgo de la proyección con buen sabor de boca. Es una ópera prima. Se tiende a juzgar con paternalismo y comprensión los errores, aquí no veo ninguno, es una película que consigue lo que pretendía ser. Es discreta, sensible y veraz.
¡Qué hartazgo de cierto cine distinto! Me aburro bastante viendo este presuntuoso ejercicio de estilo. La voluntad de autoría en cada plano me resulta cargante, los diálogos son tan ininteligibles como naturalistas.
Tengo la sensación de que ya sé desde los primeros planos todo lo que va a ocurrir y la forma en la que me lo van a contar. Lo que describe es triste, pero tampoco me altera demasiado.
Inevitablemente, al reflexionar sobre la belleza y complejidad de 'La vida de Adèle', me pregunto qué tipo de sustancias ha consumido el director y cómo han influido en su mente para crear una obra de tal magnitud de ineptitud.
No hay lagunas de principiante en la película ni pretensiones vacuas. Su costumbrismo es del bueno, posee frescura, sensualidad y capacidad para emocionarte.
Tiene lo mejor de François Ozon, un director que logra, cuando está en su mejor momento, una atmósfera hipnótica y perturbadora. Esta película refleja esas cualidades, siendo inquietante de una manera que no resulta gratuita.
Todo tibio, excepto Maribel Verdú. Todo pretende ser tan parecido a la vida misma, que a veces me resulta forzado. Cuando aparece ella, logro creerme casi todo, pero desgraciadamente eso ocurre de vez en cuando.
Me resulta insoportable estar hora y media en compañía de esta necia pandilla. Todo ello está descrito con la modernísima estética que caracteriza a esta empalagosa directora que siente pasión por la nadería.
Retrato veraz de las secuelas del mayo francés. Assayas recrea esas vivencias sin intentar poetizarlas, sin maniqueísmo, sin dar doctrina, desvelando las luces y las sombras de una generación.