El tema impresiona. El desarrollo un poco menos. El director busca recursos fáciles en determinados momentos, no desdeña el efectismo. Las interpretaciones de Steve Carell y Timothee Chalamet son muy convincentes.
Kechiche narra esta historia con una verdad desarmante, capturando las escenas de sexo con una autenticidad asombrosa. Todo en su obra resulta placentero o dolorosamente real. Además, nos presenta a la extraordinaria actriz Adele Exarchopoulos.
Tiene lo mejor de François Ozon, un director que logra, cuando está en su mejor momento, una atmósfera hipnótica y perturbadora. Esta película refleja esas cualidades, siendo inquietante de una manera que no resulta gratuita.
La anécdota se prolonga hasta el extremo. Comprendo las intenciones del director, pero su forma de representar las etapas de ese desencuentro resulta agotadora.
Todo tibio, excepto Maribel Verdú. Todo pretende ser tan parecido a la vida misma, que a veces me resulta forzado. Cuando aparece ella, logro creerme casi todo, pero desgraciadamente eso ocurre de vez en cuando.
Me resulta insoportable estar hora y media en compañía de esta necia pandilla. Todo ello está descrito con la modernísima estética que caracteriza a esta empalagosa directora que siente pasión por la nadería.
Retrato veraz de las secuelas del mayo francés. Assayas recrea esas vivencias sin intentar poetizarlas, sin maniqueísmo, sin dar doctrina, desvelando las luces y las sombras de una generación.
Todo obedece al despropósito en esta película supuestamente lírica. En sus mejores momentos, 'Restless' resulta cansina y en los peores, se torna exclusivamente ridícula.
Todo se reduce a una aparente intensidad emocional, con diálogos monótonos recitados por actores que parecen desprovistos de expresión, complementados por una música insistentemente desagradable. Aspira a ser poética, pero no logra transmitir nada significativo, solo un tedio que se siente interminable.
Tiene el espíritu del cine independiente pero también algunas de las convenciones que exige un producto caro. Es una película muy correcta, fácil de ver y complicada de oír, que se consume bien y se olvida rápido.
Andrea Arnold vuelve a demostrar aquí, como hiciera en su sugestiva ópera prima, que sabe describir a gente a la deriva, a seres frágiles y en permanente desconcierto que se defienden a bocados.
El guión es vergonzoso. Es alarmante lo que puede resultar de la Cultura al permitir que alguien involucrado en la creación de este desastre tenga influencia.
Admirando el universo del profundo y desasosegante Atom Egoyan, me siento frío y confuso con "Adoración", que resulta ser una indagación morosa y excesivamente retorcida.