Me cautivan los primeros planos prolongados que transmiten insatisfacción, desconfianza, temor y mentiras. Estas imágenes, junto con la atmósfera y los sonidos, poseen una fuerza, un estilo y una autenticidad innegables.
Es un desafío para el sistema nervioso de cualquier espectador promedio. La manera agobiante en que la directora relata esta tragedia te lleva a anhelar que la película termine de una vez.
El filme carece de coherencia y realismo, convirtiéndose en un tedioso y exasperante desvarío de un creador cuya supuesta genialidad es aclamada por la cinefilia más elitista.
Inquietante película que no busca manipular al espectador, brindando amplios márgenes para la imaginación. Joan Botey ofrece una interpretación de uno de los villanos más fríos, salvajes y despiadados que he visto en la pantalla.
Las expectativas de que vas a ver algo grande se acaban a los 10 minutos. A partir de ahí comienza una cadena de despropósitos, diálogos enfáticos, situaciones huecas, personajes que se convierten en involuntaria parodia.
La película se presenta como un producto amable y lleno de humor, con un enfoque costumbrista. Aunque no asegura ser una obra maestra, logra mantener un tono simpático y tierno que, si bien no deja una huella perdurable, tampoco es molesto.