En esta estupenda película de Paolo Virzì, la interpretación grandiosa es la de la volcánica Valeria Bruni Tedeschi. Es una película bonita, vital, imaginativa, desgarrada, alegre y triste.
La película japonesa 'The boy and the beast' me permite disfrutar de su visual y sonoridad sin experimentar ansiedad, es sumamente correcta pero carece de sorpresas.
Aunque lo que narra es trágico, el director no renuncia a provocarnos la sonrisa. Su forma de contar la historia es precisa, sugerente, elegante, sutil y compleja. Ricardo Darín ofrece un recital inolvidable.
Los 70 minutos se me hacen cortos, reconozco en la forma de contar el espíritu de un cine lejano. Es una película que logra lo que se propone y tiene un cierto encanto, además de reflejar amor hacia lo que se está haciendo.
El guion se centra completamente en sus veteranas estrellas, y tiende a ser excesivamente amable y convencional. No es una película criticable, aunque tampoco resulta emocionante. Aunque intenta emplear el humor en numerosas ocasiones, cae en un exceso de suavidad.
Insoportable, una película que parece una tontería con pretensiones, adornada con la etiqueta de indie. Sus personajes, situaciones, diálogos y actuaciones son realmente lamentables.
Lo que relata Mungiu resulta intenso y trágico, aunque en ocasiones se siente denso y agotadoramente repetitivo. Su historia se extiende innecesariamente a 150 minutos, y a partir de la primera hora, el retrato del dolor y el paroxismo se vuelve interminable.
Realismo con talento. Plantea los continuos dilemas morales de quijotes no enloquecidos. Trapero lo narra con intensidad y complejidad. Darín se presenta como el transmisor ideal con el que sueñan los directores.
Le pierde la morosidad narrativa, la sensación de que el director a veces no sabe qué hacer con la cámara. La idea era buena, pero el desarrollo es plúmbeo y le sobra metraje.
Adaptación sin alma. No ha logrado capturar el espíritu, la esencia, la poesía y la intensidad de esa novela excepcional. Se presenta como una película fría y monótona.
Un 'western' como los de antes. Todo resulta apasionante y veraz, sugerente e intenso, complejo y magnético. 'Blackthorn' es la mejor sorpresa que me ha dado en mucho tiempo el cine español. O el cine a secas.
Cuenta con gracia y sutileza la imposible historia de amor entre dos amigos cuarentones y una chica repentinamente huérfana a la que han acogido temporalmente en su casa. En sus mejores momentos, me recuerda al cine de Claude Sautet.
Garrel consigue que lo que debería ser un mapa del sufrimiento y de grandes expresiones sobre las miserias de la condición humana, provoque indiferencia y hastío.
Película con cierto ritmo y en la que ocurren cosas, aunque ni ellas ni los personajes que las viven te provoquen algo más que una mueca de hastío. (...) Y encima tienes que aguantar todo el rato el careto de Stiller haciendo de excéntrico atormentado.
Todo fluye y palpita en esta película magistral, concebida con los medios justos, con enorme talento, con sentido moral. Es normal que la emoción explote con un desenlace tan imprevisible como épico.