Realista, complejo, admirable Scorsese. La parte final, hablando del ocaso y la devastación física y mental, me parece uno de los grandes desenlaces de la historia del cine.
El problema radica en que la complejidad sentimental de la historia no me afecta en absoluto; de hecho, estoy deseando que esta película tan sensible llegue a su fin.
El filme se extiende durante tres horas, un tiempo que se siente innecesario. Aunque resulta un poco menos aburrido que el anterior, la experiencia sigue siendo tediosa. La cámara se mueve constantemente, mientras que la música y los golpes de efecto no dejan de estar presentes. Y yo me siento totalmente indiferente ante todo esto.
No sabía nada sobre lo que sucedió con Laurel y Hardy tras su apogeo. 'El Gordo y el Flaco (Stan & Ollie)' narra su historia con ternura y gracia, de manera inteligente y estética, reflejando un encanto nostálgico de otra época.
Lelio vuelve a narrar la historia de esta insólita y desconcertante señora. No hay una copia exacta de cada plano, pero tampoco se presenta un desvío en la trama. Aún así, la disfruto al verla y escucharla. Sin embargo, ya conozco la historia y me pregunto: ¿cuál es el propósito?
Las situaciones y los personajes que describe cansinamente James Franco no tienen ni pizca de gracia, representan la apoteosis de la idiotez histriónica. Insustancial, monótona y lerda.
A los cinco minutos ya estoy atrapado por las situaciones tragicómicas y surrealistas que presenta esta película. Está impecablemente dirigida, con un ritmo modelado que se ajusta perfectamente a cada plano y secuencia. Es ágil, sorprendente y realmente divertida.
Por mi parte, nada bueno que contar de 'It'. El verdadero protagonismo lo tienen la repetición, un guion insípido, los sustos predecibles y una música cansina e insportable. Ni me resulta creíble ni me causa terror; simplemente, me aburre.
En esta estupenda película de Paolo Virzì, la interpretación grandiosa es la de la volcánica Valeria Bruni Tedeschi. Es una película bonita, vital, imaginativa, desgarrada, alegre y triste.
La película japonesa 'The boy and the beast' me permite disfrutar de su visual y sonoridad sin experimentar ansiedad, es sumamente correcta pero carece de sorpresas.
Aunque lo que narra es trágico, el director no renuncia a provocarnos la sonrisa. Su forma de contar la historia es precisa, sugerente, elegante, sutil y compleja. Ricardo Darín ofrece un recital inolvidable.
Los 70 minutos se me hacen cortos, reconozco en la forma de contar el espíritu de un cine lejano. Es una película que logra lo que se propone y tiene un cierto encanto, además de reflejar amor hacia lo que se está haciendo.
El guion se centra completamente en sus veteranas estrellas, y tiende a ser excesivamente amable y convencional. No es una película criticable, aunque tampoco resulta emocionante. Aunque intenta emplear el humor en numerosas ocasiones, cae en un exceso de suavidad.
Insoportable, una película que parece una tontería con pretensiones, adornada con la etiqueta de indie. Sus personajes, situaciones, diálogos y actuaciones son realmente lamentables.
Lo que relata Mungiu resulta intenso y trágico, aunque en ocasiones se siente denso y agotadoramente repetitivo. Su historia se extiende innecesariamente a 150 minutos, y a partir de la primera hora, el retrato del dolor y el paroxismo se vuelve interminable.
Realismo con talento. Plantea los continuos dilemas morales de quijotes no enloquecidos. Trapero lo narra con intensidad y complejidad. Darín se presenta como el transmisor ideal con el que sueñan los directores.
Le pierde la morosidad narrativa, la sensación de que el director a veces no sabe qué hacer con la cámara. La idea era buena, pero el desarrollo es plúmbeo y le sobra metraje.