El brillante director retoma las obsesiones que habitaban su primer y potente largometraje con la pluma brillante y acerada a la que nos tiene acostumbrados Benjamín Naishtat.
El interés de la película es innegable y demuestra que Claire Simon puede plasmar en la gran pantalla todo lo que desee. Sin embargo, la obra deja un ligero sabor amargo y genera una atmósfera incómoda.
El amparo o la elipsis más bella del Festival de San Sebastián de la mano de Rober Calzadilla. Un 'Fuenteovejuna' actual que denuncia el abuso del Estado. Se presenta con una puesta en escena y una narración que se aleja del panfleto.
Claire Denis parece alejarse de su camino y perder el control de su obra. La narrativa avanza de manera brusca con elementos poco claros. Además, resulta sorprendente la falta de su habitual y serena perspectiva sobre la pasión y los deseos.
Una de las películas más importantes del año. Raramente el espectador percibe una tensión sorda pero tan intensa y continua en la gran pantalla. Los movimientos de cámara son de una belleza que corta el aliento.
Contiene los ingredientes necesarios para triunfar en taquilla: el enfoque social de la escritura de Laverty, una combinación de emoción y momentos de humor, así como números de danza. Sin duda, lo más destacado es la excepcional fotografía de Alex Catalán.
El duelo interpretativo del año entre Portillo y Tosar es innegable. La trama es intensa, pero la dirección de Icíar Bollaín, en colaboración con Isa Campo, ha logrado aportar el enfoque adecuado. Sin duda, se trata de una de las destacadas películas de nuestra producción anual.
Desde hace dos décadas, Laurent Cantet ha estado examinando la realidad que nos envuelve. ‘Arthur Rambo’ es su más reciente logro. Con un guion cuidadosamente elaborado, presenta al público la oportunidad de tomar su propia decisión.
Costa-Gravas ha creado un guión explosivo, con las explicaciones justas económicas, añadiendo narrativa en las partes más potentes y personales del ensayo, con la ironía que flota a lo largo de toda la película.
Unas gotas de Larry Clark en ciertos momentos, la habilidad para crear atmósferas al estilo de Haneke o Larraín, junto con un enfoque personal sobre el ritmo narrativo, convierten a este director en uno de los hallazgos más destacados del Zinemaldia 2018.
Una buena película, elegante y ambientada en su época, que destaca por su magnífico diseño de producción y dirección artística. Dragus brilla con una interpretación excepcional.
Una película clásica de época con una producción de lujo, un vestuario y ambientación suntuosos, una soberbia fotografía y una narrativa de dos horas y veinte, salpimentada de momentos brillantes.
Bomba cinematográfica rumana que concentra todos los elementos necesarios para destacar y, sobre todo, atraer la atención sobre esta talentosa directora.
El dúo francés, Nakache y Toledano, tropieza con su film coral, que presenta a muchas personas y poca diversión. No se puede afirmar que los cineastas franceses hayan elegido la novedad y el riesgo como su camino en el cine.