Hay un toque de populismo cinematográfico en este entretenido sainete. Es una comedia bien interpretada que ha logrado sobrevivir, aunque con escasos recursos, a la burbuja inmobiliaria.
Torregrossa, con la invaluable colaboración de Carmen Ruiz, Javier Cámara y Raúl Arévalo, ha logrado captar el tono amargo ideal que permite que esta comedia trascienda a sus propios chistes.
Pese a un aire algo televisivo, la película logra ofrecer más de lo que anticipa. Sorprende cómo el humor se desvía para dar paso a un tono más serio. Destaca el impresionante trabajo de Miguel de Lira, quien realmente brilla en su papel.
Conocerás a Woody Allen, pero no al Woody Allen auténtico. Un filme hecho con molde de fábrica para ser reconocido, pero vaciado de toda enjundia. Es un sucedáneo.
Sánchez Arévalo logra una vez más equilibrar a la perfección humor, dramatismo y referencias a la cultura cotidiana, aunque a veces parece abarcar más de lo necesario y toca demasiados temas.
Comedia divertida y amarga a la vez, sin pretensiones ni excesos. Se mantiene fiel a la esencia coral de la comedia berlango-azconiana y evita caer en los errores típicos de la televisión.
Juego de atmósferas y de colores, de un trabajo fotográfico impecable y muy diverso, el director vuelve a trabajar de manera excelente con la pérdida y las obsesiones, combinándolas con un enfoque renovado.
Irregular pero drástica. La gravedad y el simbolismo con que se inicia este retablo de un país en transición van perdiendo fuerza a medida que la sátira se adueña del paisaje.
El personaje de Miki Esparbé crea una fantástica dinámica con Alain Hernández en un intercambio dialéctico interesante donde la política sirve como telón de fondo para exponer nuestras miserias sociales.
Al final, uno emerge como los personajes: aturdido, pero con una sonrisa que mezcla diversión y alivio, con una renovada confianza en los excesos del director más audaz de nuestro cine.
El cine acaba con las leyendas. Con una factura espléndida y el sello distintivo de la escuela Alatriste, el guión se mueve entre lo trepidante y lo tópico.