¿Qué solemos hacer a la hora de la siesta? Las historias documentales del reino animal son curiosas y entretenidas, aunque no logran impresionar del todo. Los realizadores parecen encontrar su mejor expresión en los microcosmos que exploran.
Manual del perfecto asesino a sueldo se destaca más como un ejercicio de estilo en el cine que como una obra literaria profunda que busca revivir un género.
Carlos Sorín nos presenta una historia cautivadora a través de su mirada. Es un recorrido hacia la redención, tanto personal como familiar, que revela un lado inesperado de unas vacaciones al estilo Rohmer.
'El Niño' marca el inicio de una categoría distintiva, revelando un novedoso espacio para el thriller fronterizo en el cine español. La escena de la caza nocturna con el helicóptero se convierte en un referente de nuestra cinematografía.
Altísimo ritmo, presión incesante, intensidad recargada desde la fotografía al sonido. Hillcoat ha llenado de supervillanos la intimidad del bar irlandés de The Wire.
Saleh opta por tomar distancia en lugar de emitir juicios sobre una situación complicada. Su enfoque lleva a una solución narrativa innovadora que se desarrolla en dos direcciones, convergiendo en un desenlace impactante.
Bier ya no puede mantener los secretos de antes y se ve en la necesidad de exagerar lo razonable para esconder sus crecientes convencionalismos. Traspasa las fronteras del tremendismo.
Clooney demuestra nuevamente su talento como director, logrando captar el punto de vista perfecto. Sus encuadres, el uso de elipsis y el tono adecuado evitan que la película caiga en clichés de thriller o en caricaturas del mundo político.
Fiennes irradia sinceridad en un film que examina la clásica dualidad del héroe shakespeariano, apoyado por un elenco que convierte la impostura en un logro, llevándola a la realidad.
Es la obra más tranquila y melancólica, con un toque de aceptación de la derrota, de un director elocuente, que presenta su habitual enfoque apresurado, que resulta tanto entretenido como inquietante.
Diab presenta en un único escenario una variedad de personajes que propician un enfrentamiento dialéctico ingenioso y engañoso. Eleva la sensación de déjà vu a un nivel excepcional.
Rodríguez Ríos nos hace entender el drama político y humanitario que vive Venezuela a través de su escabroso reflejo en las aguas marrones del lago Maracaibo.
Oscila entre un intimismo estilizado y las imágenes de un Ulrich Seidl mediterráneo. Sin embargo, el impresionante despliegue visual se ve comprometido por el tono subyacente de la película y su desenlace poco contundente.