Si quieren pasar un rato entretenido, surrealista y lleno de alocadas confesiones, no le den más vueltas y pónganse ya en la fila, que lo mismo no es numerada.
Cuando empieza parece una de Tarantino. Sin embargo, las similitudes se van diluyendo con el tiempo. Es una película divertida, con buen ritmo, y la pareja protagonista funciona de manera bien engrasada.
Todos vuelven a la pantalla en una divertida historia cargada de humor, inocencia y acción. Una película apta para los menores que no conocieron aquel espacio televisivo legendario y para padres nostálgicos.
Con la ambigüedad arruinada por la gótica directora Sigismondi, queda un batiburrillo de muñecas destrozadas y un violento enfrentamiento entre dos espectros.
Entretenido, colorista y nostálgico, con una banda sonora excepcional. Esta producción es tan atractiva que incluso aquellos que no vivieron la experiencia del Mario original pueden disfrutarla de manera gratificante.
Entre ambos protagonistas, la química se siente intensa a lo largo de toda la película. Este filme romántico, lejos de ser cursi o empalagoso, logra mantener un tono estimulante característico del cine «indie» estadounidense.
Atípico drama psicológico con elementos fantásticos que atrae la atención, aunque presenta algunos problemas en su edición y presupuesto. Sin embargo, vale la pena verlo.
Un cruce apenas encubierto entre la extraordinaria «El diablo sobre ruedas» y «Un día de furia», aunque con menos interés que ambas, ya que su factura parece más adecuada para el formato de la pequeña pantalla.
La cámara de Calparsoro se desplaza con elegancia entre los autos de alta gama, mientras el guión presenta giros intrigantes en un thriller con una sólida calidad técnica.
Elegante, hermosa y sincera historia de pasiones cruzadas bajo la premisa del arte, la moda y la gastronomía, cuyo aroma recuerda a grandes títulos del género.