Se atropellan escenas de películas, párrafos de libros, momentos de documentales y elementos que son pura ilusión en una cinta que resulta inclasificable, rebosante de amor.
En tanto producto cinematográfico a secas pincha seriamente. Condon opta por imprimirle a la obra un tono muy frío, ambiguo y desapegado, como si el director no supiera o dudara a quién creer.
Una película rigurosa que muestra pronto sus mejores armas, una dirección clásica, casi impecable, aunque técnica y narrativamente pocas sorpresas (...) extraordinarias interpretaciones.
Película con un claro matiz teatral que, en ciertos momentos, evoca obras francesas como 'Las invasiones bárbaras'. Su mayor fortaleza se basa en la impresionante actuación de Bruno Ganz.
Visualmente impactante, pero no logra despegar del todo, ya que, a pesar de la admiración que la autora siente por el biografiado, apenas logramos vislumbrar los verdaderos sentimientos y la personalidad de Confucio.
Una pieza extraña. Lástima que [Saura] no dote de la suficiente carnadura a estos personajes, que pasean por el filme abducidos, con la misma cara de asombro y extrañeza, al cabo, que el espectador.
Película de ritmo ágil y con un enfoque claramente hagiográfico. Se abusa de los golpes de efecto melodramático, sumado a la presencia de numerosos extras. Sin embargo, siempre se siente la monumental obra de un hombre en el trasfondo.
Es un filme protagonizado por mujeres, con hombres completamente ausentes, lo que ocasiona que esta historia multicultural ocasionalmente recurra a actitudes forzadas para sostener la visión de la realizadora.
Hay un puñado de gags estimables, un inicio ameno. Sin embargo, desde el comienzo en las tierras vascas, hemos perdido gran parte del factor sorpresa, la frescura, la agilidad y el humor que se lograron capturar de manera más efectiva en la anterior película.
Convincente thriller dramático con aires hitchcokianos. Jaerdki logra mantener un ritmo deliberadamente lento, aunque a veces le cuesta liberarse de un cierto encorsetamiento emocional.
Stone, tras estrenar a finales de los 80 una película que criticaba duramente a los tiburones de las finanzas y al capitalismo desenfrenado, en su segunda producción se limita a expresar un débil y confuso mea culpa.
El cineasta sabe medir las distancias como un buen boxeador, sabe cuándo amagar el golpe y cuándo lanzar su mejor puñetazo. Zannou recurre a ciertos tópicos y parece no profundizar en las razones, pero la película logra evocar esa sensación de sudor y rabia.
Vale poco más que un pimiento, ya que presenta una historia demasiado plana, breve y estirada. Sin grandes emociones ni giros de guion significativos, el filme se siente como un piloto de lo que realmente pudo haber sido.