Un «thriller» dramático que Hollywood produce de manera rutinaria, carece de verdadera emoción y presenta demasiados picos de adrenalina dispersos de forma aleatoria.
En clave de comedia dramática y con un cierto aire que evoca a «La vaquilla». Es una lástima que algunos personajes y subtramas vayan perdiendo fuerza a medida que avanza la historia, y que en ciertos momentos la película se vuelva un poco caótica.
A pesar de ciertos elementos interesantes, la película tampoco pasará a la historia como una de las grandes en lo que a seres atormentados por las fuerzas del Mal se refiere.
La película se aleja del formato tradicional de un biopic. Joffé presenta una historia que él mismo ha creado, logrando una ambientación efectiva y un elenco que, en general, realiza una buena interpretación, mostrando su habilidad habitual.
Defrauda. Y no por la errática interpretación de Marisa Abela, sino porque parece ser un simple compendio de lo que ya sabíamos, leíamos o vimos sobre ella. Es sorprendentemente edulcorado.
El Napoleón del deslumbrante, irregular y visualmente impactante filme presenta una mezcla de elementos que sorprenden. La pátina de autoparodia postmoderna que recubre al personaje añade una dimensión interesante, aunque en ciertos momentos puede resultar un tanto excesiva.
Wahlberg se deja, y hablamos de forma literal, el pellejo y las carnes con este papel, pero al filme, y en este caso resulta aún más imperdonable, le falta alma, emoción.
Tornatore ha logrado crear una obra poética y atemporal, ya que el filme irradia la misma elegancia y el mismo misterio obsesivo que caracteriza a Morricone.
Se atropellan escenas de películas, párrafos de libros, momentos de documentales y elementos que son pura ilusión en una cinta que resulta inclasificable, rebosante de amor.
En tanto producto cinematográfico a secas pincha seriamente. Condon opta por imprimirle a la obra un tono muy frío, ambiguo y desapegado, como si el director no supiera o dudara a quién creer.
Una película rigurosa que muestra pronto sus mejores armas, una dirección clásica, casi impecable, aunque técnica y narrativamente pocas sorpresas (...) extraordinarias interpretaciones.
Película con un claro matiz teatral que, en ciertos momentos, evoca obras francesas como 'Las invasiones bárbaras'. Su mayor fortaleza se basa en la impresionante actuación de Bruno Ganz.
Visualmente impactante, pero no logra despegar del todo, ya que, a pesar de la admiración que la autora siente por el biografiado, apenas logramos vislumbrar los verdaderos sentimientos y la personalidad de Confucio.
Una pieza extraña. Lástima que [Saura] no dote de la suficiente carnadura a estos personajes, que pasean por el filme abducidos, con la misma cara de asombro y extrañeza, al cabo, que el espectador.