Hay en la desasosegante, violenta y oscura cinta algún que otro susto de manual, un guion dispuesto a lo que sea para cuadrar la propuesta y una historia, que, en el fondo y la superficie, hemos visto ya.
La segunda muerte de Lady Di es una película anodina y plana. No ofrece nada sustancial a la historia, la cual conocemos mejor a través de cualquier revista del corazón.
Nueva y potente adaptación de los famosos videojuegos. Todo funciona como un reloj acelerado. Es un filme muy entretenido que sabe mantener todo el tiempo un ritmo endiablado.
Una atmósfera lograda y perfectamente claustrofóbica, imbuida de fatalismo. Lo más destacado es el final, que resulta claustrofóbico, denso, oscuro y muy digno de la trilogía.
Este thriller dramático, a pesar de una potente e inquietante media hora inicial y de varias sólidas interpretaciones, pronto deriva en una historia que se va tornando previsible y en la que sobra algún que otro personaje y trama secundarios.
El filme resulta perturbador tras un arranque violento, la cinta trastabillea un tanto en su metraje intermedio para, durante el último tramo de la misma, levantar la cabeza.
La Fuerza ya no nos acompaña. El principal obstáculo de la película es un guión excesivamente confuso. Sin embargo, la acción es de alta calidad y la producción visual es excelente.
Si prescinden de varios diálogos que tienen delito y alguna que otra escena de acción un tanto discutible desde el punto de vista técnico, les quedará una película entretenida a lo justo pero olvidable.
Naomi Watts siempre ofrece una interpretación impactante, sin importar lo estereotipado que pueda ser el papel. El trabajo de Glendyn Ivin es bienintencionado, pero resulta algo superficial y típicamente televisivo.
Salpicada de algún gag escatológico o políticamente incorrecto, las aguas, sin embargo, nunca llegan a desbordarse en esta entretenida e inofensiva película.
Hay un leve tono de crítica social y mucho chiste con mayor o menor gracia. Sin embargo, carece de profundidad. Por ello, el filme termina en un equilibrio que no logra destacar.
Concebida especialmente para un público joven, la serie establece desde el inicio sus reglas de manera contundente. Aunque su desarrollo es aceptable, el mensaje que transmite tiene un toque más maduro.
Un «thriller» dramático que Hollywood produce de manera rutinaria, carece de verdadera emoción y presenta demasiados picos de adrenalina dispersos de forma aleatoria.