La Fuerza ya no nos acompaña. El principal obstáculo de la película es un guión excesivamente confuso. Sin embargo, la acción es de alta calidad y la producción visual es excelente.
Si prescinden de varios diálogos que tienen delito y alguna que otra escena de acción un tanto discutible desde el punto de vista técnico, les quedará una película entretenida a lo justo pero olvidable.
Naomi Watts siempre ofrece una interpretación impactante, sin importar lo estereotipado que pueda ser el papel. El trabajo de Glendyn Ivin es bienintencionado, pero resulta algo superficial y típicamente televisivo.
Salpicada de algún gag escatológico o políticamente incorrecto, las aguas, sin embargo, nunca llegan a desbordarse en esta entretenida e inofensiva película.
Hay un leve tono de crítica social y mucho chiste con mayor o menor gracia. Sin embargo, carece de profundidad. Por ello, el filme termina en un equilibrio que no logra destacar.
Concebida especialmente para un público joven, la serie establece desde el inicio sus reglas de manera contundente. Aunque su desarrollo es aceptable, el mensaje que transmite tiene un toque más maduro.
Un «thriller» dramático que Hollywood produce de manera rutinaria, carece de verdadera emoción y presenta demasiados picos de adrenalina dispersos de forma aleatoria.
A pesar de ciertos elementos interesantes, la película tampoco pasará a la historia como una de las grandes en lo que a seres atormentados por las fuerzas del Mal se refiere.
La película se aleja del formato tradicional de un biopic. Joffé presenta una historia que él mismo ha creado, logrando una ambientación efectiva y un elenco que, en general, realiza una buena interpretación, mostrando su habilidad habitual.
Defrauda. Y no por la errática interpretación de Marisa Abela, sino porque parece ser un simple compendio de lo que ya sabíamos, leíamos o vimos sobre ella. Es sorprendentemente edulcorado.
El Napoleón del deslumbrante, irregular y visualmente impactante filme presenta una mezcla de elementos que sorprenden. La pátina de autoparodia postmoderna que recubre al personaje añade una dimensión interesante, aunque en ciertos momentos puede resultar un tanto excesiva.
Wahlberg se deja, y hablamos de forma literal, el pellejo y las carnes con este papel, pero al filme, y en este caso resulta aún más imperdonable, le falta alma, emoción.
Tornatore ha logrado crear una obra poética y atemporal, ya que el filme irradia la misma elegancia y el mismo misterio obsesivo que caracteriza a Morricone.