La película se enfoca tanto en la acción que deja poco espacio para desarrollar la vida emocional de los personajes, lo que dificulta conectar con sus destinos.
Sus sustos son bastante estándar, con nada nuevo que añadir al canon de las casas encantadas. Sin embargo, Christopher Smith aprieta las tuercas con malévola precisión.
Esta fábula sobre el lenguaje y la memoria es preocupantemente fácil de ver, aunque me impresionó en los devastadores momentos finales, en los que adquiere inesperadamente una gran profundidad y seriedad.
Este film se siente como un audiolibro. Aunque las conmovedoras palabras de Duras están presentes, no hay una profunda reflexión sobre cómo llevarlas al ámbito cinematográfico.
Las dos protagonistas están estupendas y la poderosa intimidad es increíblemente convincente. Saturada de emoción y color, aunque su profundidad novelesca conlleve una duración ligeramente forzada.
Es inteligente y merece la pena, pero resulta algo lastrada por el deseo de hacer justicia a la historia. Nunca carece de interés, pero no logra reunir el ritmo o la fuerza suficientes.
Lo que hace muy bien es mostrar cómo el dopaje se ha convertido en algo tan normalizado. Un drama irlandés sólido y competente, con una potente interpretación de Louis Talpe.