Es un completo sinsentido, pero resulta bastante entretenido. Muestra que quienes están a cargo de la franquicia han perdido el interés y solo buscan proporcionar placeres efímeros.
En ella se entrelazan el ingenio, la calidez y los entrañables recuerdos de clásicos del pasado: se percibe una gran influencia de 'Mary Poppins', un toque de 'Matilda', elementos de 'Oliver!' y, de manera inesperada, un guiño a 'Los Miserables'.
Con belleza, humor y honestidad, Pixar ofrece su mejor versión. Los niños se reirán y aplaudirán; los adultos llorarán hasta que les duelan los músculos.
Los talentos de Jolie y Pfeiffer son subutilizados. 'Maleficent' presentó una visión creativa y original de una historia conocida, pero su secuela se siente como una trama fantasiosa poco inspiradora.
Casi logra igualar los encantos de su predecesora, pero esto solo ocurre al final, justo cuando los créditos comienzan a asomarse. En ese momento, ya es demasiado tarde para enmendar la experiencia general.
No hay un solo plano, movimiento, broma o línea de diálogo que se sienta desperdiciado. Cada instante está cuidadosamente diseñado, sin momentos superfluos.
Es a la vez demasiado estúpida y no lo suficiente. Es demasiado cruda y realista para justificar todas las incredulidades con las que quiere escaparse.
Actores totalmente mal elegidos y un guion impenetrable hacen que este largamente retrasado 'actioner' resulte alienante para los fans del juego e incomprensible para el espectador casual.