Parte 'giallo', parte thriller erótico, y con dos dosis de Brian De Palma, la película se desarrolla de manera intrigante. Depp deslumbra con una interpretación cargada de sensualidad que capta la atención por completo.
El argumento presenta debilidades notables. Sin embargo, como introducción, es impactante y revela que Quivoron puede combinar emoción e intuición en su trabajo, aunque aún no lo haga con la suficiente intensidad.
John C. Reilly presenta una comedia entretenida, aunque desigual, que desafía las convenciones del habitual biopic sobre el rock, dejando a la audiencia esperando una explosión que nunca llega.
El autor de comedias románticas Richard Curtis vuelve con 'That Christmas', que confirma su destreza en este género, reafirmando que es un placer tenerlo de regreso.
Coon está brillante como siempre, pero esta vez es el turno de Whigham, cuya actuación podría hacerlo destacar en la temporada de premios como uno de los más destacados del año.
Finestkind es el tipo de película que parece única, pero a medida que avanzas, se transforma en algo más convencional, alejándose de su encanto inicial.
La alocada obra maestra moderna de Coppola reinventa las posibilidades del cine. Megalópolis es una especie de lío; desordenada, exagerada y tendente a la pretensión. Pero también es un logro bastante asombroso.
Ofrece una profunda reflexión sobre la progresiva transformación de la humanidad, reflejando las múltiples divisiones actuales que van desde el Brexit hasta la presidencia de Biden en Estados Unidos.
No profundiza especialmente en la psique humana, cayendo finalmente en una extraña tierra de nadie entre el intenso drama de personajes y la comedia negra como el azabache.
Técnicamente, es una maravilla del cine de época, una visión inmersiva de la vida rústica tan llena de autenticidad que puede inspirar a los espectadores más entusiastas a ponerse un sombrero folclórico.
Funciona a más niveles que el sociopolítico, ofreciendo un sofisticado thriller para adultos a la vez que explora la intensa dinámica psicológica de la relación entre Adam e Ibrahim. Un director inteligente y con estilo.
Con un elenco sobresaliente, presenta uno de los guiones más destacados del año y logra mantener la atención del espectador desde el principio hasta el final.
Como montaje, es intrigante, pero hay varias distracciones en el camino, la primera de ellas es el terrible título. La segunda es la inquietud del enfoque. La tercera es el tono.
Su mayor reclamo es un Stephen Dorff en una faceta sorprendente. Aquellos que son amantes del cine de culto encontrarán irresistible su cautivadora estética.