Con un elenco sobresaliente, presenta uno de los guiones más destacados del año y logra mantener la atención del espectador desde el principio hasta el final.
Su mayor reclamo es un Stephen Dorff en una faceta sorprendente. Aquellos que son amantes del cine de culto encontrarán irresistible su cautivadora estética.
Comienza siguiendo los clichés típicos del género, causando que parezca que se desarrollará de esa manera. Sin embargo, sorprendentemente se convierte en una experiencia mucho más asombrosa y extraña.
El compromiso de Beckermann de mantenerse al margen es digno de elogio, pero deja muchas cosas en manos del espectador. No obstante, es un noble esfuerzo para afrontar un tema espinoso.
La película de Jenkin genera la interesante impresión de que la verdadera historia está a punto de desarrollarse. Es desconcertante, pero a su vez, resulta inusualmente gratificante.
Se debe reconocer el tono oscuro de la obra. Sin embargo, ser un reflejo fiel de un tema complejo no debe confundirse con la confusión que se presenta en el tono.
El elenco es inusual y aporta un grado de realismo que sostiene la narrativa incluso cuando la historia se torna absurda. Aun así, al final, se percibe que es solo una película un poco más ingeniosa.
Una simpática comedia de acción que, para ser francos, gustará sobre todo al público de más de 40 años, criado a base de películas con personajes hastiados y sabihondos que nacieron demasiado viejos para esto.