Quizás esa dulce mirada a un pasado feliz explique la falta de profundidad del filme y su carga melosa, pero es insuficiente para hacer justicia a Grahame. Insustancial recuerdo de una actriz alucinante.
Escenas largas, tan ruidosas como el propio espectáculo judicial, y donde la palabras son tan importantes como los gestos y el hecho de mirarse a la cara. Pura dialéctica expresiva de los códigos de honor.
Lie Kaas y Fares Fares han capturado a la perfección la esencia de sus personajes, ofreciéndonos un relato criminal que no duda en explorar lo más oscuro y problemático de la política.
La trama se desarrolla en un marco de previsibilidad, cayendo en los clichés típicos del guion y una realización poco sustancial por parte de Brad Anderson. Sin embargo, destaca el buen desempeño actoral tanto de los protagonistas como de los personajes secundarios.
La película de acción del año presenta un estilo distintivo, actitud desbordante, y una selección musical impresionante. Además, utiliza el mobiliario de manera creativa como armas letales, y hasta hace referencia a Tarkovski.
Con toda la colección de tics esperable, como parlamentos reafirmantes, montajes dinámicos y un encadenado de hits musicales, Gaghan intenta emular a Scorsese, pero resulta ser más distante incluso de David O. Russell.
Documental de metraje y magnitud monumentales. Una panorámica en pantalla partida muestra la intricada edición y la yuxtaposición de imágenes que establece un diálogo constante entre los testimonios de los protagonistas.
Una historia real fascinante, protagonizada por una actriz en ascenso que ofrece una actuación digna de un Oscar. La película despliega una notable energía visual, consolidando otro exitoso proyecto en la trayectoria de Tonya Harding.
El mejor debut del año cuenta con una protagonista excepcional, el encanto de la periferia, un estilo visual admirable, momentos de baile y cigarrillos. Definitivamente, deseamos más.
Los paseos al estilo Linklater, los planos de sillón y los cigarrillos compartidos evocan la idea de unos nuevos Jesse y Céline. Sería maravilloso poder volver a conocer su historia dentro de nueve años.
Flor que emerge de una vegetación calcinada, tan reluciente como las gotas de sangre que salpican el universo blanquinegro donde se desarrolla este wuxia casi pintado a acuarela.
Película que nada tiene más claro que la confianza total en la construcción de las imágenes y el poderío de los intérpretes para sortear los borbotones de perplejidad que van surgiendo de su desarrollo dramático.
Solo queda la interpretación de Lee Sung-min para escapar de una madeja formulaica que ni en la banda sonora de Mowg logra destacar y diferenciarse, no solo del filme original, sino de su propio contexto.
Esta versión simplificada de Death Note se limita a sobrevolar los aspectos básicos sin meterse en muchos líos morales. Apuntes que sabrán a poco a los fans del manga, pero respetan su espíritu.