No es solo una comedia de inocencia amable que coquetea con lo naif en la época de 'Breaking Bad', sino que también presenta múltiples capas de profundidad detrás de su apariencia inofensiva y sus formas resolutivas.
Entiende a la perfección lo que una ciudad, un país y una ciudadanía buscan en la revisión de un trauma y (...) lo entrega con la mayor precisión técnica (...) y el brillo peculiar que la cámara da (...) Puntuación: ★★★ (sobre 5)
Es un ejemplo de libro del cine desagradable de autor que gusta a los festivales. El aparato técnico del cine se utiliza para crear imágenes atractivas en la superficie, pero que son perjudiciales en su esencia.
Un biopic de Karl Marx que resulta excesivamente burgués, plagado de los vicios y dramatismos típicos de las coproducciones europeas de prestigio. Esto lo transforma en un personaje de folletín y le resta la profundidad necesaria, impidiendo que se explore lo que podría ofrecer una película realmente buena.
Efectiva mezcla entre el costumbrismo ibérico de Berlanga y el desenfado terrorífico de un Sam Raimi entonado. Lo que hace Leticia Dolera con su personaje merece comentario aparte. Ella es la estrella radiante, autoconsciente, naif, cafre.
Es un valeroso condensado de ideas que incluso da rabia ver enterradas por un metraje breve y atropellado, pese a la cocción sosegada marca de la casa.
Una película endiabladamente fascinante, que presenta una historia de brujería sin rodeos. Es una hiperalmada medieval de emancipación femenina, tan volcánica como la tierra islandesa y el aura mágica de Björk.
La apuesta decidida por el humor es la principal virtud de un auténtico armatoste blockbuster. Tan bien engrasado que va solo, pero carece de momentos de brillo. Se refugia en exceso en el montaje atropellado.
Un explosivo cóctel de tiroteos, humor ligero (sin que esto sea un reproche) y cámaras lentas que recuerdan a un vestuario de gimnasio (y lo digo en serio). Pero no te preocupes, es considerablemente superior a 'Escuadrón Suicida'.
La película desaprovecha la química humorística entre sus protagonistas. Parece diseñada especialmente para aquellos que no consideran a Kevin Hart como un inconveniente.
Lleva la manipulación al extremo, sacando a la luz la plasticidad de las imágenes: los colores estallan, los encuadres se recortan y los formatos se deforman en un viaje centrado en la dialéctica y yuxtaposición de fotografías.
El primer volumen es el más militante, aunque también el más débil. Se presenta como un tríptico que mezcla lo místico, lo social y lo paisajístico, ofreciendo una visión de un Portugal sumido en una crisis generalizada, excepto en lo que respecta a ideas.