Donde la mayoría de directores contemporáneos estarían buscando la manera de demostrar su superioridad sobre el material, Schumacher busca la manera de hacer que funcione.
La situación se convierte rápidamente en una metáfora estática y bastante simple de cómo Estados Unidos ejerce su dominación sobre el alma alemana en la posguerra.
Excesivamente larga, acartonada y con tanto suspense como un anuncio de detergente, tiene una pequeña baza, Patty McCormack como la niña, pero eso es todo.
La película se siente extensa y en ocasiones es rígida, características propias de Mankiewicz. Es una obra con fallos, pero los excesos que presenta son tan intrigantes como sus delicados matices.
Su guion revela una autenticidad que transforma la visión del director Fritz Lang, creando una atmósfera de calma que, al mismo tiempo, resulta abrumadora.
Una película que carece de sentido y resulta aburrida, a pesar de recibir elogios y premios de la Academia en los años 50, mientras que las verdaderas obras maestras de Ford, Hawks y Hitchcock pasaban desapercibidas.