Wood es famoso por su historia de travestis de 1952 '¿Glen o Glenda?', pero para mí, este trabajo de 1959 es el doble de extraño y atractivo en su indisimulada incompetencia.
La película resulta encantadora, aunque su ritmo es dolorosamente pausado. Está repleta de imágenes que transmiten una sensación de desesperante oscuridad, al mismo tiempo que son excesivamente evidentes.
Fría, escabrosa y fascinante. Kirk Douglas brilla en su papel, su encanto psicótico añade una capa de complejidad al personaje que resulta cautivadora.
Aplica técnicas retóricas sofisticadas a una historia sentimental y manipuladora. Nava se preocupa menos de explorar la realidad trágica de la situación que de sacar lágrimas a la audiencia.