La película antibelicista de Kon Ichikawa de 1956 recibió elogios significativos en su estreno por su poder y dedicación, aunque hoy en día puede percibirse como excesivamente instructiva.
Los conflictos emocionales entre lo salvaje y lo civilizado han quedado obsoletos, incluso para el cine del mediodía. En este caso, Herzog aborda el tema de manera poco profunda y sin matices.
Un trabajo inteligente, espectacular y emocionante, que lucha (aunque no logra escapar del todo) con las limitaciones naturales impuestas por ser una secuela.
El guion de Dudley Nichols presenta un fuerte enfoque patriótico, sin embargo, la colaboración entre Renoir y Laughton ofrece una representación singular y profunda de lo que significa el heroísmo.
De Sica ha llevado métodos de grabación de estudio a escenarios al aire libre, pero la película carece de la frescura y originalidad visual que se encuentran en 'Open City' y 'Paisan' de Rossellini.
No es una de las obras tempranas más estimulantes de Godard, pero muestra sus inicios alejándose de lo tradicional en el montaje y la organización de las secuencias.
Las actuaciones son excesivamente peculiares y la trama carece de fuerza, lo que puede decepcionar a los aficionados del género. Sin embargo, los seguidores de Herzog descubrirán riqueza en sus paisajes animistas y en su innovadora representación visual.