La maestría de Walsh para el ritmo narrativo hace que la acción crezca con consistencia, al mismo tiempo que recurre a la relación entre Bogart y Cagney para un contrapunto desarrollado de manera sobresaliente
Benton pasa la mayor parte de la película señalando su intención de hacer una obra de Americana noble y emocionante, al estilo de Ford o Vidor, pero lo que acaba ofreciendo es totalmente sintético.
El reparto presenta una ambigüedad sexual que podría complacer a los más fervientes seguidores de Williams, además del guion de Gore Vidal. Sin embargo, Mankiewicz no explora a fondo muchas de las insinuaciones planteadas.
Composiciones equilibradas, fotografía elegante, dirección artística impecable y actuaciones teatrales. Sin embargo, carece de la profundidad necesaria, resultando en una obra que no aporta más que el típico encanto superficial de las películas de Hollywood.
Aunque Fassbinder adopta una actitud más abierta hacia sus personajes, dejándoles existir como especímenes psicológicos plenamente desarrollados, su ironía mortal sigue operando en el nivel de la puesta en escena.