Extraordinaria. Rica en complejidades morales y temas espirituales, filmada con una combinación de realismo brutal y lirismo que en momentos clave se transforma en pura abstracción.
Uno de esos cuentos "universales" que a menudo son vagos y embarazosos: pero la simplicidad y la moderación del director Grigori Chukhrai lo elevan por encima de la media.
Ritt no va más allá de la moralización conveniente del guion de Walter Bernstein y apenas trata las cuestiones ideológicas importantes que salen a la luz.
Tiene una reputación de ser sensiblera que no se merece. Lo mejor de la dirección de Demy es que evita de forma habilidosa que la película sea autocomplaciente, obvia y sentimental.
Intensa, divertida y soberbiamente narrada, es más que un regreso a Francis Coppola. Es una película que revela una nueva profundidad, una nueva sensibilidad y una nueva seguridad técnica.
Tiene momentos muy agudos de crueldad emocional y física. Pero si acaba decepcionando es porque (...) otorga valor moral y complejidad psicológica en función de las relaciones de clase de los personajes.
El formato de la competición resulta excesivamente repetitivo, los personajes parecen estar poco desarrollados en un contexto cómico y los limitados escenarios impiden que la acción alcance una verdadera escala.