Lynch estrangula la historia con complicaciones superfluas. Las imágenes, que no se sustentan en los impulsos narrativos, pierden rápidamente su impacto.
Una vacua película de horror que no ofrece nada recomendable más allá de su dirección artística de estilo disco y algunos efectos visuales atractivos, aunque bastante populistas.
A pesar de la trivialidad del tema, es disfrutable por su intimidad, seriedad e inteligente trabajo de personajes, virtudes que no perpetuó la nueva ola posterior.
La ficción elaboradamente estructurada de Joseph Conrad plantea problemas monstruosos para la adaptación cinematográfica, y la solución propuesta aquí por Richard Brooks- no está ni cerca de funcionar.
Está teñida de bastante conservadurismo de clase media, pero es una obra ágil que sirve para hacer brillar una de las grandes actuaciones de todos los tiempos, el Captain Bligh de Charles Laughton.
Puede que no descienda a las profundidades chapuceras e indulgentes de 'Easy Rider' o 'The Last Movie', pero tampoco alcanza sus peligrosas y delirantes alturas.
Se desarrolla en fragmentos de tres minutos visualmente impresionantes, pero parece que no se preocupa por el aspecto narrativo. Los balbuceos de Schumacher y su enfoque superficial del material resultan decepcionantes.
Legiones de imitadores de Brando han convertido su actuación en esta seminal película de motociclistas de 1954 en una autoparodia, pero sigue siendo un buen entretenimiento sórdido.
Las dos primeras son deficiente, pero mejoran con el estudio entretenido, inquietante y claustrofóbico de Joe Dante sobre un niño que habita un mundo de dibujos. El clímax se alcanza en el sketch final de George Miller.
La parte central de la película, que retrata los trabajos en los campos de la muerte, resulta completamente aterradora y representa de manera intensa e implacable el horror nazi como pocas veces se ha visto en la ficción.