Una visión original de la reconciliación en la posguerra. Cuenta una historia inusual con elegancia y se ve reforzada por la agradable actuación de Moritz Bleibtreu.
El contundente regreso de Gibson es un violento drama sobre el pacifismo que acierta al combinar el horror con la honra. Vuelve a demostrar que es un potente contador de historias que sabe exactamente cuándo despertar tu atención.
En ocasiones, [Neruda] es más juguetona que reveladora, pero también es una reflexión bellamente realizada y valientemente idiosincrática sobre un gran artista cuyo compromiso político fue un anatema.
Esta atractiva producción tiene buenas intenciones, pero resulta aburrida y está saturada con una débil subtrama romántica que intenta aportar un calor emocional que nunca logra.
Hay una dulzura innegable. Pero la melancólica esperanza del filme en el futuro del cine y en su poder curativo acaba siendo demasiado autocomplaciente como para considerarse una expresión de fe colectiva.
Si bien la escritura rara vez está a la altura de su asombroso impacto visual, la afinidad que siente el director por su protagonista es contagiosa y agotadora.
Es más efectiva como retrato íntimo de una pérdida devastadora que como crónica de la creación de un activista. Pero tiene un arma poderosa en su arsenal en la interpretación cautivadora de Danielle Deadwyler.
Es un drama respetuoso que se deja ver, pero no logra generar una carga emocional significativa en su exploración de las complejas dinámicas del amor y la amistad.
La Marilyn poseída de Ana de Armas se ahoga en los mareantes excesos de esta reflexión sobre la celebridad. A pesar de ello, o quizás gracias a ello, es de visionado obligatorio.
El guión es bastante inteligente. Puede que se adscriba al modelo de los 'noir' de los 50, pero el trabajo de cámara y el montaje están llenos de movimientos súbitos que contribuyen a su estimulante narrativa.
Parece un proyecto que Sorkin ha moldeado para adaptar a sus intereses, más que un trabajo enraizado orgánicamente: y ese molde drena su carga emocional.
Su variedad de tonos es mucho más compleja de lo que la historia principal puede sugerir, navegando entre pasajes seductores y tristes, tiernos y crudos.
En manos del director George Clooney, el material tiene algunos encantos sucios, eso seguro. Pero va demasiado lejos desde el principio y pierde el rumbo pasando de lo oscuro a lo indigerible.