Adam Driver y Noah Baumbach realizan una audaz propuesta, aunque la novela de Don DeLillo continúa siendo inalcanzable. A pesar de las incoherencias presentadas en la película, logra dejarte con un sabor agradable al final.
La singular directora británica da su mejor versión en esta obra semiautobiográfica. Se podría decir que es más original e intensamente personal que la primera parte.
Eric Steel entreteje múltiples hilos con admirable equilibrio y habilidad, presentando un drama modesto que se observa desde una perspectiva lúcida y, al mismo tiempo, compasiva.
Gadot mantiene su carisma, pero lamento la ausencia de los intensos combates cuerpo a cuerpo que caracterizaban a las escenas de lucha de la primera película.
Joaquin Phoenix pinta con su propia sangre la famosa sonrisa del maníaco, lo que hace que esta cruda entrega del canon DC merezca la pena. Es el dolor que imprime a un personaje patéticamente desfavorecido.
Penetrante, personal y muy distintiva. Es un (auto)retrato revelador de una joven artista, así como una crónica cautivadora de una relación agotadora y destructiva.
Anvari construye y sostiene la tensión hábilmente, diseñando una película de terror que respeta las convenciones de género mientras que establece firmemente su propia identidad distintiva.
Una huelga desgraciadamente separatista en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher, promueve la improbable unión solidaria entre mineros asediados y activistas gays en esta conmovedora historia real.
Este tema potencialmente pesimista es tratado con vigor y con un toque firme, y recibe una gran ayuda de Matthew McConaughey, que realiza una interpretación de un enorme gusto.
Un capítulo decisivo de la transición en la historia de Chile que explica de manera absorbente el poco probable camino de un país de la opresión a la democracia.
Básicamente es un 'Mamma Mia!' con glam ochentero en lugar de ABBA. El director no ha logrado trasladar el humor afectado e irónico del musical a la película.
Daldry acierta en su notable debut, logrando un delicado equilibrio entre la comedia y la emotividad. El tramo final presenta un tono optimista que resulta conmovedor.
Una conmovedora ópera prima. Un retrato tierno, aunque a menudo doloroso, del frágil vínculo entre una madre y su hijo, ambos expulsados del sistema de acogida.
Cualquiera que piense que Kurzel va a sensacionalizar estos trágicos eventos, está entendiéndolo mal. Una película inusualmente dura y difícil con una resonancia difícil de olvidar.
El trabajo fino y detallado de Stewart con el acento y los modismos es impecable. La cámara la adora, cuenta una historia triste que todos conocemos de una manera nueva y genuinamente perturbadora.
Hancock no iguala la eficacia quirúrgica de los mejores guiones noir, pero maneja bien los diálogos y los personajes. Es apasionante por su exploración detallada de los personajes principales.