Es un desastre enérgico y agotador en el que una trama coherente y personajes creíbles no entraban en el abarrotado menú. Es estúpida y roza el sinsentido.
Aquellos que esperan pasar un buen rato viendo saltar chispas o disfrutar de momentos divertidos se sentirán desilusionados con esta secuela, que resulta ser sorprendentemente débil.
Una secuela que es tan buena como la original, casi de forma idéntica. Es lo suficientemente inteligente y seria para darte el escapismo que necesitas.
Una combinación desorganizada de comedia, terror y crítica social. La forma en que aborda la hipocresía religiosa resulta fallida, llevando a que la película se convierta en una mera caricatura.
Una historia extensa que utiliza sus dos horas para presentar un misterio cansado y lleno de verborrea, que finalmente se convierte en un thriller, todo sin lograr una mínima credibilidad.
Scott entrega una actuación notable que sostiene la película. Sin embargo, esta producción, aunque bien ejecutada, podría haber sido más profunda y memorable, especialmente considerando los temas significativos que aborda.