Es magnífica. Pero si no lo fuera no pasaría nada porque su simple existencia también es magnífica. Todo lo que tiene que ver con ella es emocionante. (...) nos recuerda que tenemos una gloriosa tradición de hacedores de comedia.
Es muy estimulante en su forma de entrelazar lo real con lo onírico. Funciona bien al representar los laberintos de la mente, exhibiendo varios momentos destacados.
La película presenta una oportunidad perdida y una propuesta que, con algunos ajustes, podría ser notablemente mejor. Hay elementos muy estimulantes, como la actuación de Nicolas Cage. Sin embargo, tanto el guion como su ejecución afectan negativamente esos aciertos.
Angustiosa y exasperante, esta obra resulta fascinante, aunque su carácter antipático y hostil puede convertirla en un viaje que muchos no lograran soportar.
Razones para abrazarla: Un primer acto brillante; el descaro con el que Östlund desacraliza el cine de autor con un crescendo escatológico, y una última parte magnífica como estudio/parodia de los realities.
Por fin alguien aborda la nostalgia de manera genuina, sin ridiculizarla ni despreciarla, analizándola como un aspecto fundamental de nuestra experiencia.
Su visión de la diferencia entre el arte y la creación alimenticia, junto con su retrato del presente, resulta ingenua. Sin embargo, logra destacar en su dimensión emocional. Mañas presenta personajes sólidos.
Conviven dos películas distintas. Una es elegante y sutil, mientras que la otra resulta algo exagerada. La película logra funcionar mucho mejor cuando contempla a sus personajes con calma que cuando manipula los conflictos.
Ozon logra algo tan difícil como hablar con lucidez de la diferencia y la identidad no solo sexual, desde la más absoluta y irresistible extravagancia.
Es una película gozosa. Esencialmente por una cuestión de placer estético, pero no tiene la fuerza suficiente para sostener el despliegue visual y la potencia de sus actores. Le sobran tópicos y le falta gracia.
Es una película de una belleza absolutamente arrolladora. Fotografiada en un espectacular blanco y negro, reúne algunas de las escenas más espectaculares que ha dado el cine de género de los últimos años.
Una apuesta por el disparate y la incorrección que choca con la comedia más domesticada. Cómo no celebrar la llegada de una comedia tan comprometida con el delirio.
Pese a su encanto y sus aciertos, el film reduce su potencial a un conflicto demasiado sencillo, se encalla en un texto agotador y se disuelve cuando la amabilidad desactiva su mordiente.
Cronenberg disecciona Hollywood con la misma precisión y de forma tan invasiva y abrasiva como lleva haciendo toda la vida con el cuerpo y la mente de sus personajes.
Funciona en su diseño original de personajes, los cuales están muy bien interpretados y la serie destaca cuando sus creadores optan por el humor minimalista y aprovechan el gag visual.
El desarrollo es previsible y los diálogos en ocasiones resultan sonrojantes. Sin embargo, su premisa tiene encanto, la dirección es adecuada y Aitana sostiene la película con aparente facilidad.
Una precuela algo renqueante. Inferior a las otras dos. Mantiene varias cosas buenas de aquéllas: el concepto, la mitología, los bichos. Sin embargo, le falta brío, tensión y sorpresa.
Un uso personal, ingenioso y muy vistoso de la pirueta narrativa. Van Dormael convierte en un precioso cuento animado las distintas etapas de la vida de una persona.