Es un cuentito muy bien contado que encuentra en la deslumbrante, sublime interpretación de Riseborough su razón de ser. Una auténtica masterclass de actuación.
A pesar de sus debilidades, 'El callejón de las almas perdidas' se gana una ferviente y entusiasta recomendación para adentrarse en la oscuridad y el esplendor del cine.
La propuesta es irresistible por donde se la analice. Una película clásica y un engranaje perfecto, con una historia profunda. Es Hollywood en su máxima expresión.
McCarthy demuestra su inmensa capacidad para la comedia, pero también muestra excelentes recursos para el drama. Es una tragicomedia fascinante e irresistible.
Alex Ross Perry lo convierte en algo único, profundo y poderoso. Su nuevo trabajo tiene una densidad emocional que convierte al film en un trance incómodo y perturbador difícil de asimilar por parte del espectador.
Ambiciosa y excesiva, esta vuelta de Zemeckis al cine con actores plantea, de manera inteligente y provocadora, varios dilemas éticos y morales a partir de las desventuras de un piloto de avión que lucha con su adicción a las drogas y el alcohol.
La inmensa actuación de Jeff Bridges compensa los lugares comunes de una trama previsible. Sin embargo, gracias a la calidad de la música y a la nobleza de sus intérpretes, la película resulta prácticamente irresistible.
Una película realmente desquiciada, pero al mismo tiempo honesta y entrañable, que surge de una de las cinematografías más libres y estimulantes de los últimos tiempos: la belga.
Se trata de un bello y por momentos entrañable y encantador relato sobre la amistad masculina a lo largo del tiempo y más allá de los cambios personales narrado con elegancia y sensibilidad aunque con una extensión algo desmesurada.
Es precisamente una relación afectiva la que pone en riesgo su meticuloso accionar. Esta dimensión humana le otorga al film un interés que excede al del mero documental sobre épicas deportivas.
Macqueen demuestra en Un amor memorable una infrecuente ductilidad para trabajar con sobriedad, austeridad, recato y elegancia situaciones extremas sin por eso perder la capacidad para emocionar con nobleza y espíritu humanista.
Un relato de redención, redescubrimiento y resignificación que toca algunas fibras íntimas. Lo hace con sensibilidad y lirismo, aunque también apelando a unos cuantos lugares comunes narrativos y visuales.
Con pudor y recato, con la cámara siempre a la distancia justa, construye un ensayo crudo y directo sobre la inminencia de la muerte y las dificultades de lidiar con una situación tan extrema.
Egoyan narra las desventuras de Guttman a lo largo de gran parte de Estados Unidos a través de un guión meticuloso, que muestra un enfoque maniqueo y suscita dudas sobre la ética tanto artística como humana.