Se trata de una película noble y entrañable que nos acerca a una geografía y una sociedad que nos resultan decididamente ajenas, pero por alguna razón misteriosa también nos cautivan.
Una obra bella y triste a la vez, austera, melancólica y a su manera también lírica. Un film -como su protagonista- a contracorriente de lo habitual. Una mirada muy particular y, por todo eso, decididamente valiosa.
Con su fórmula y con sus recursos (que no son pocos), este tercer episodio de 'Madagascar' logra lo que busca y, seguramente, satisfará las exigencias de sus millones de fans.
Estamos lejos de un film revolucionario. Ni siquiera es ciento por ciento eficaz, pero entretiene y divierte con un espíritu irreverente y creativo, que genera por momentos un mar de carcajadas en la platea.
Entre el melodrama lacrimógeno y la comedia de enredos, la película logra sortear la veta más sentimental y new age para convertirse en un producto bastante disfrutable.
Más allá de la corrección técnica con que fue concebida, esta producción española resulta -con su acumulación de fórmulas y lugares comunes- una película "vieja", arrasada por los avances que este género ha conseguido en los últimos tiempos.
Johnson, que en los últimos años ha demostrado que -más allá de su esplendor físico- tiene pasta para la comedia, aquí hace lo que puede (y no es mucho) con un personaje sin matices.
Agora es un film digno de recomendación, a pesar de haber recibido críticas duras por parte de la prensa internacional. Su presentación en pantalla grande ofrece una experiencia visual notable.
En un relato hermoso y meticuloso, Gálvez demuestra la capacidad de sugerir más de lo que expone. Su enfoque elegante y sensible permite que la profundidad de la historia resuene sin necesidad de ser explicitada.
Ni el guion de Lee Patterson ni la puesta en escena de Keith Thomas son particularmente brillantes, pero el despliegue visual es realmente cautivante. Un logro en diseño, potenciado por un inteligente uso de CGI.
Está claro que una película de estas características puede tener mayor interés para los italianos o los muy iniciados en su historia. Para el resto, solo nos queda sobrellevar de la mejor manera posible el tono bufonesco y sobreactuado de Servillo.
El problema radica en que Coixet elige una puesta en escena demasiado académica, cargada de solemnidad, un supuesto lirismo, una tendencia a enfatizar excesivamente y una inclinación por la alegoría, aspectos que crean distancia y una sensación de artificialidad.
Evans mantiene siempre el pulso y demuestra una habilidad excepcional para crear escenas con una potencia y creatividad poco comunes en el cine actual.