Es una película que se sigue con interés, concebida con indudable solvencia en todos sus aspectos. Sin embargo, cede a la tentación de hacer demasiado explícitas sus ideas, lo que lleva a caer en caricaturas y estereotipos.
La película destaca por su gran belleza y la riqueza de ideas que presenta. El director, con gran maestría, recurre a secuencias oníricas muy impactantes e incluye varios clásicos del soul como parte de la banda sonora. Es una audaz elección.
El film logra transmitir, a través de unos pocos elementos y subtramas, los contrastes entre el clima de euforia y la moral represiva, así como la avidez de experimentación en oposición al puritanismo.
Las expectativas se cumplen a medias. La historia cuenta con un despliegue visual impresionante, pero en medio del artificio y la espectacularidad, resulta complicado involucrarse emocionalmente.
Sólida, cuidada, un poco académica, por momentos en la cornisa del qualité. Sin embargo, se encuentra bastante lejos de la exquisitez y profundidad que exhibe 'De dioses y hombres'.
Una tragicomedia muy oscura, repleta de ideas y de exploraciones estéticas y narrativas que la transforman en una obra fascinante en varios de sus momentos.
A pesar de un algo desangelado Daniel Radcliffe, el director de Eden Lake construye un hipnótico thriller de fantasmas gracias a un virtuoso trabajo visual y un inteligente uso del sonido.
Está concebida, sí, a fuerza de clichés (de la corrección política, del melodrama familiar, de la épica deportiva), pero lo hace sin pruritos ni prejuicios, profesando de forma orgullosa un clasicismo a esta altura ya casi demodé.
Una película tan fascinante por momentos como frustrante en otros, tan deslumbrante como irritante. Así de irregular es su resultado, de contradictorias son las sensaciones que produce.
Es un film que aborda los deseos y las represiones, así como los resentimientos, rencores y reconciliaciones. Las pasiones y locuras se entrelazan de manera sorprendente. Todo esto está construido con un lirismo visual excepcional que convierte a Davies en un cineasta inigualable e indispensable.
Hall se presenta como una narradora sensible y delicada, evitando exacerbaciones en su discurso sobre la problemática del racismo. También destaca como una directora efectiva al guiar a los intérpretes.
Fría, artificiosa y solemne, la película carece de química entre los protagonistas. Con una duración cercana a las tres horas, ofrece la oportunidad de admirar algunos planos virtuosos, pero poco más.
Una aquí casi irreconocible Viola Davis ofrece su potencia expresiva habitual, mientras que Boseman se despide con una interpretación deslumbrante, llena de matices.
La película está muy bien filmada, aunque en ciertos momentos se siente un leve toque de pintoresquismo. Sin embargo, esto no perturba ni disminuye los hallazgos centrales de una fábula que aborda el poder de la naturaleza y las miseria del ser humano.
Una fábula que apela a sentimientos que no están precisamente en boga en estos tiempos de individualismo, cinismo y cultura del odio. En ese sentido, resulta una bienvenida apelación a recuperar lo mejor y más noble del ser humano.