Estamos ante una película derivativa y un tanto incómoda, con ciertos aspectos desprolijos, pero al mismo tiempo se siente audaz, desprejuiciada y sin temor al ridículo.
No hay en 'Elvis' ningún instante de intimidad, austeridad, relajación o felicidad. Luhrmann opta por los grandes éxitos y los momentos épicos de su vida, por lo que siempre estamos ante el mito y no ante un hombre de carne y hueso.
Un film cargado con las mejores intenciones, que va a las raíces, con una indudable potencia narrativa, con una notable actuación de Deadwyler y logrados recursos dramáticos.
Resulta una ficción que atrapa y en ciertos pasajes fascina, más allá de las valoraciones que cada espectador/a pueda hacer desde su perspectiva ideológica e identificación/rechazo respecto de los personajes en cuestión.
'Rubia' genera desconcierto y contradicción: es deslumbrante y fascinante en algunos momentos, pero también vulgar y torpe en otros; caprichosa y pirotécnica, a la vez que osada y provocadora.
Un simpático ejercicio de nostalgia ligado al espíritu de las clásicas sitcoms. Todo funciona de manera razonable, aunque no estamos ante una obra maestra de la comedia.
Más derivativa y menos concisa que las obras anteriores de Sorkin, 'Being the Ricardos' presenta, junto a su evidente enfoque de reivindicación feminista, diversas capas que no logran funcionar en su totalidad.
Es una serie que combina con total convicción y flexibilidad sus diversos elementos, lo que la convierte en una de las sorpresas más agradables de este 2020.
Algo así como la contracara de 'Green Book: Una amistad sin fronteras', se trata de una audaz mixtura entre la denuncia contra el racismo, la pulp-fiction y aventuras de corte fantástico.
La película peca en ocasiones de ser melodramática y muestra una indulgencia en el sufrimiento, además de carecer de sutileza. Sin embargo, nunca deja de ofrecer un impactante retrato del empoderamiento femenino, la lucha por la independencia y el placer.
En 'Cold War' cada plano es de una belleza y una intensidad conmovedoras, con dos protagonistas extraordinarios y buenos personajes secundarios. La película escapa de la demagogia y la concesión.
La nueva obra maestra de Paul Thomas Anderson es un film a contracorriente, de esos que -por temática, por ambientación, por ritmo, por tono, por profundidad, por sutileza, por elegancia, por matices y por sensibilidad- ya casi no se hacen.
Al menos regala ciertos momentos de intensidad emocional en los que es Kate Winslet quien saca el mejor provecho. No es mucho, pero quizás alcance para que los fans del ya octogenario director salgan mínimamente satisfechos.
Uno de los principales desafíos de 'Hambre de poder' es que su protagonista no resulta ser un personaje entrañable ni seductor, sin embargo, logra que el público entienda y hasta comparta su lógica.
Más allá de que pueda ser leída como una apuesta algo oportunista, políticamente correcta e inevitablemente didáctica y aleccionadora, Nichols mantiene aquí buena parte de la intensidad psicológica, visual y narrativa de sus trabajos previos.