Una película que logra el doble mérito de ser más oscura y, al mismo tiempo, más divertida que su predecesora. Los aficionados encontrarán todo lo que desean.
Puede no resultar un paso trascendente en la riquísima historia de Pixar, pero tampoco es uno en falso. Se trata de una película familiar noble y disfrutable.
Lejos de la solemnidad y las intrincadas vueltas de tuerca de tantas producciones de Marvel, se trata de una comedia leve y simpática en la línea de 'Guardianes de la galaxia'.
La película cae en la trampa con la que suele tropezar la mayoría de los films animados: la acumulación de situaciones y personajes y una tendencia a la derivación y a la dispersión que resienten el interés, la cohesión y la solidez del relato.
El director Tim Johnson construye una narración sencilla y predecible que se desarrolla sin dificultad. Aunque carece de sorpresas, logra mantener una sonrisa constante en el espectador.
No puede decirse que este regreso al universo de 'Peter Pan' sea completamente inadecuado, pero más allá del despliegue de producción y de un par de buenas secuencias de acción, el resultado del entretenimiento familiar no es demasiado convincente.
Una de esas películas que logran la proeza de sostener con inteligencia y convicción muy diversos niveles de lectura y elementos que resultan atractivos para niños, adolescentes y adultos.
'Guardianes de la Galaxia' es una astuta estrategia de marketing y, al mismo tiempo, un producto notable que ofrece suficientes elementos y diferentes niveles de interpretación.
Vistosa y bastante lograda producción animada que intenta exportar la iconografía y las tradiciones mexicanas del Día de los Muertos al resto del mundo.
Reeves utiliza todas las herramientas técnicas a su disposición para construir una historia precisa y una narración impactante, que nunca deja de entretener y fascinar.
No sólo es un producto de acción competente y bastante eficaz en sus más de dos horas, sino que además mejora el resultado final conseguido por 'El primer vengador'.
Peter Jackson se despide del universo de J.R.R. Tolkien con su sexta película y tercera de la saga de El hobbit, y lo hace de manera convincente, regalando una de las épicas bélicas más monumentales del cine moderno.
La película es de una belleza incuestionable y tiene algunos chistes simpáticos, pero esta vez los personajes y la mayoría de los conflictos carecen de la intensidad, la profundidad y la capacidad de identificación que otros productos similares.
Típica película de enredos narrados a puro vértigo y con guiños cómplices para chicos y adultos, Minkoff, sostiene el relato con bastante fluidez, con algunos gags físicos y diálogos ingeniosos.