Expone un capítulo relevante de la historia de su país sin concesiones, incursionando en el thriller judicial, el melodrama y el cine de acción con una naturalidad y solidez admirables. Su clasicismo narrativo se disfruta y se agradece.
Ofrece con sus poderosas imágenes, sus datos y sus testimonios una pintura de época con una perspectiva histórica que en aquellos tiempos candentes y viscerales muy pocos estaban en condiciones de tener.
Una historia de espías que no propone nada demasiado revolucionario, pero que se luce y entretiene con sus virtuosas coreografías, su despliegue visual y su acumulación de excesos.
Si bien no todas las múltiples capas del relato funcionan con la misma intensidad y fluidez, el resultado final es bastante convincente y con todos los atributos como para convertirse en el éxito comercial del año.
A pesar de algunos excesos y golpes bajos, Caro mantiene la película en un tono noble y honesto, respaldado por la actuación de Costner y Maria Bello. Es un entretenimiento sólido que, afortunadamente, va más allá de las meras buenas intenciones.
Las buenas actuaciones, la belleza del entorno y la lograda reconstrucción de época permiten que el film se sobreponga a sus lugares comunes y momentos de culebrón televisivo.
Estamos frente a una serie ampulosa y exagerada, orgullosa de su despliegue de un sexo muy explícito incluso para los actuales estándares del streaming, de todo tipo de excesos, de glamour y de populares temas musicales.
Resulta un melodrama que pide premios a gritos, pero no los justifica ni mucho menos los merece. Es un film solemne, superficial, que no quiere ni entiende a sus personajes, sino que los exhibe. Un cine demasiado calculado.
Ciertamente, es una reflexión profunda sobre el rol del héroe en la sociedad estadounidense. Esto se manifiesta a través de una sólida narrativa y un sobresaliente manejo del oficio, características distintivas del brillante Clint Eastwood.
Concebida por el director y sus tres extraordinarios actores con una amplitud de recursos y matices que no suelen abundar en el cine mainstream norteamericano.
El resultado, aunque no del todo convincente, es valioso porque nos acerca a un universo y a un tiempo que es interesante conocer y, sobre todo, no olvidar.
¿Perfecta? Para nada. Pero incluso en su desmesura y en sus inevitables desniveles 'El lobo de Wall Street' regala un viaje furioso, un trip físico y mental hacia el corazón de la ambición; es decir, el núcleo básico del sueño americano.
Elude el miserabilismo, la compasión culpógena y los lugares comunes de la corrección política, alcanza su pico máximo en la extraordinaria interpretación de Matthew McConaughey.
Un irregular pero por momentos interesante retrato sobre el fanatismo religioso y la manipulación social a partir de la reconstrucción de un caso real ocurrido en el Chile de 1983.