Concebida por el director y sus tres extraordinarios actores con una amplitud de recursos y matices que no suelen abundar en el cine mainstream norteamericano.
¿Perfecta? Para nada. Pero incluso en su desmesura y en sus inevitables desniveles 'El lobo de Wall Street' regala un viaje furioso, un trip físico y mental hacia el corazón de la ambición; es decir, el núcleo básico del sueño americano.
Los tres actores logran salir bien parados en un reto formidable. Esto es un mérito adicional, ya que la película no alcanza el nivel de sus predecesoras, ni de sus valores ni de su potencial.
Si bien la historia es convencional en su núcleo, Matt Johnson logra transformarla en un relato apasionante en momentos, utilizando un humor absurdo al estilo de Adam McKay, que revela un trasfondo de tristeza y derrota.
El hecho de que no se limite a explorar los aspectos más morbosos y sensacionalistas de los crímenes la convierte en una serie mucho más interesante de lo que inicialmente parecía.
Una película realizada con total claridad sobre sus objetivos, elaborada con gran profesionalismo, buscando alcanzar un público amplio sin sacrificar en ningún momento su calidad. Son 140 minutos que se disfrutan como relatos bien contados.
Técnicamente irreprochable en todos los rubros, la serie tiene una excelente dirección de arte. 'Iosi, el espía arrepentido' surge como una apuesta con hallazgos no menores.
Conserva el tono, el espíritu y las ideas fundamentales y fundacionales de la franquicia, pero también se advierte cierta sensación de fatiga, algo parecido a un piloto automático que nos llevará a destino sin demasiadas zozobras ni sorpresas.
Lo mejor de 'Minari', además de su impecable puesta en escena, sus convincentes actuaciones y sus diálogos mayoritariamente en coreano, es que logra evitar tanto el pintoresquismo como la demagogia.
El resultado es más convencional y menos sorprendente que en el mencionado film de 2017. Se ratifica la apuesta por el empoderamiento femenino, pero más allá de ese enfoque la película recicla y reincide en unos cuantos lugares comunes.
Expone un capítulo relevante de la historia de su país sin concesiones, incursionando en el thriller judicial, el melodrama y el cine de acción con una naturalidad y solidez admirables. Su clasicismo narrativo se disfruta y se agradece.
Si bien no todas las múltiples capas del relato funcionan con la misma intensidad y fluidez, el resultado final es bastante convincente y con todos los atributos como para convertirse en el éxito comercial del año.