La ópera prima de Mariano Mouriño es modesta en sus ambiciones, pero bastante eficaz en sus alcances y con una moraleja que evita el subrayado y el golpe de efecto.
Ciertamente, es una reflexión profunda sobre el rol del héroe en la sociedad estadounidense. Esto se manifiesta a través de una sólida narrativa y un sobresaliente manejo del oficio, características distintivas del brillante Clint Eastwood.
Pequeña en su estructura y sus ambiciones, pero gigantesca en sus dimensiones emocionales, 'Las buenas intenciones' es cine puro y cristalino, una ópera prima hecha con inteligencia.
La primera superheroína en protagonizar una película de Marvel destaca con éxito. A pesar del notable cambio de paradigma, 'Capitana Marvel' se presenta como una propuesta bastante clásica y, en algunos aspectos, convencional.
Leve y entrañable como una comedia rohmeriana, la película presenta un inevitable sesgo nostálgico. Sin embargo, esta mirada melancólica no se siente forzada ni interfiere con el retrato íntimo y las facetas más sensibles de la historia.
En su segunda mitad, la película profundiza más en la psicología del personaje. Es en este punto donde esta obra austera y minimalista logra alcanzar un notable interés y una mayor profundidad emocional, convirtiéndose en una ópera prima digna de reconocimiento.
Aunque las escenas dramáticas y los momentos más íntimos no logran la profundidad ni la complejidad psicológica de 'Gilda', 'El Potro' presenta una perspectiva menos indulgente sobre el protagonista.
Nocturnal, alucinatorio y laberíntico que transcurre por las atestadas y amenazantes calles de Manila, se trata de un buen exponente del thriller urbano.
Una narración urgente y visceral que logra transmitir un espíritu de época y un retrato generacional gracias a una potencia, convicción, credibilidad y crudeza propias del mejor cine francés contemporáneo.
Balagov se muestra como un director dúctil y preciso a la hora de usar la la cámara en mano como los primeros planos para exponer las diferencias generacionales y las miserias sociales como el racismo y la xenofobia.
Se trata de una producción de primer nivel en el que se lucen tanto la virtuosa puesta en escena de Muñoz como la brillante actuación de Oreiro. Un homenaje hecho con nobleza y corazón.
Resulta demasiado calculado y hasta un poco manipulador, aunque con una potencia narrativa y un trabajo visual e interpretativo que redime en parte sus subrayados y apelaciones políticamente correctas. Valiosa, pero con reparos.
Bella, contemplativa y hasta emotiva en ciertos momentos, la película de Vallée logra superar su tendencia a la enseñanza y ciertos clichés, convirtiéndose en una experiencia que en varios pasajes se siente fascinante.
La película presenta un evidente sesgo político, pero lo aborda de una forma torpe y obvia. Su enfoque didáctico resulta aburrido y manipulador, lo que lleva a un resultado artístico decepcionante.
En buena parte de sus casi dos horas es una biopic demasiado chata y convencional, que parece haber sido concebida con el manual del subgénero de biografías cinematográficas.