Explora con inteligencia y profundidad el cinismo y la negación de una comunidad, así como lo efímero que puede ser la fama y el éxito cuando están sostenidos sobre mentiras.
Tras la destacada 'The Mandalorian' y la menos impactante 'El libro de Boba Fett', 'Obi-Wan Kenobi' ocupa un lugar intermedio. Se nota una mejora en los diálogos y hay algunas bienvenidas dosis de humor que contrastan con la solemnidad que predomina en la serie.
Una producción simpática, noble y entretenida, con suficientes atractivos visuales, narrativos y actorales como para justificar su visión en una sala de cine.
Banks emprende la lucha correcta, aunque utiliza las herramientas equivocadas. Cada mención al discurso aspiracional de las protagonistas se siente demasiado evidente, enfatizada y, en última instancia, poco cautivadora.
No importa la historia, no importan los personajes, no importa la verosimilitud, ni la justificación. Todo sea por generar adrenalina, impacto y velocidad.
Una película que a veces presenta escenas impactantes y duras, pero que en general resulta ser fallida y decepcionante debido a su falta de sutileza y su superficialidad.
Más allá de sus fórmulas en cuanto a ciertas estructuras y recursos narrativos, esta producción sueca consigue en buena parte de sus 6 episodios generar interés y plantear algunos cuestionamientos y debates.
Goggi logra una narración con la suficiente tensión e intensidad para mantener la atención del espectador, aunque también recurre a elementos que provocan reacciones emocionales artificiales.
La película es sencilla y clara, aunque en ocasiones se siente un poco predecible y torpe. La música de comedia romántica que acompaña la trama resulta bastante decepcionante; sin embargo, la película mantiene un espíritu juguetón y una ausencia de cinismo que son bienvenidos.
Tenía todo para trastabillar o incluso hundirse porque está siempre al borde de caer en el patetismo y el ridículo. Sin embargo, los guionistas Ed Sinclair y Will Sharpe logran darle al relato buenas dosis de humor negro y hasta de ternura.
La película presenta una notable solvencia narrativa, combinada con un despliegue visual y musical que refuerza su impacto. Este golpe impactante, que ha sido unanimemente señalado en las críticas como un momento donde 'la realidad supera a la ficción', logra establecer un realismo convincente, incluso dentro del ámbito ficticio.
No hay banalización ni superficialidad a la hora de abordar el tema. Aunque por momentos apela a una moraleja aleccionadora un tanto evidente, la película se sostiene siempre en la sensibilidad y la convicción con que ha sido concebida.
Narrada con suma tensión e intensidad, la película maneja con ductilidad, inteligencia y rigor la doble faceta de la propuesta: por un lado, la más íntima, relacionada con las vivencias de los personajes, y por otro, una dimensión social que aborda el fanatismo, el racismo y la violencia.
Una película sin regodeos, excesos ni ostentaciones. Esa aparente sencillez no quiere decir que Lowery se quede en la superficie o que caiga en la simplificación banal: la mixtura de géneros y elementos funciona a la perfección.