El corazón de la película late a la perfección. Brillante narrador lleno de ideas formales, James Gray aprovecha los efectos visuales y el aporte del excepcional DF Hoyte Van Hoytema.
No es una película disruptiva, innovadora ni mucho menos revolucionaria. Se trata de un film sólido que ofrece más posibilidades de disfrute y sustos, claro, que de resignación.
El resultado es una película que va de la ciencia ficción visionaria al drama familiar con excesos sentimentales y new-age, de lo genial a lo ridículo, de lo profundo a lo banal.
El amor del director por el cine noble y bien narrado se mantiene inalterable. Aunque no del todo convincente, se trata de un tipo de producciones en vías extinción.
El resultado es una propuesta visualmente atrapante y narrativamente vertiginosa que cumple con lo que promete, pero que al mismo tiempo no agrega absolutamente nada al universo creativo de la animación contemporánea.
Dhont muestra una profundidad psicológica y una convicción poco comunes en un director debutante al tratar la problemática transgénero. Así, la película nunca pierde su delicadeza ni su humanidad.
Con referencias a los clásicos del género y una audaz propuesta que raya en lo excesivo, incluso en su duración, Kang Hyeong-cheol se permite explorar diversos delirios.
Un film que muta constantemente y tarda en encontrar un eje sólido. Cuando finalmente lo logra, a través de la relación entre un sonidista y una bailarina, la película aumenta en intensidad y emoción.
Es tan previsible como finalmente irresistible, aunque sus 124 minutos luzcan exagerados. De esas películas familiares que apuntan al corazón y consiguen que alguna lágrima inevitablemente corra por nuestras mejillas.
Tras la destacada 'The Mandalorian' y la menos impactante 'El libro de Boba Fett', 'Obi-Wan Kenobi' ocupa un lugar intermedio. Se nota una mejora en los diálogos y hay algunas bienvenidas dosis de humor que contrastan con la solemnidad que predomina en la serie.
No importa la historia, no importan los personajes, no importa la verosimilitud, ni la justificación. Todo sea por generar adrenalina, impacto y velocidad.
Es un profundo y fascinante estudio psicológico sobre los secretos y mentiras en parejas y familias. Un genuino ejercicio de género con una narración que escapa de la tentación del sensacionalismo, el amarillismo y el morbo.
Winograd hace maravillas con el material que tiene entre manos, creando una de esas películas que se disfrutan con una sonrisa constante y algunas risas ocasionales.