Un más que digno producto de cine catástrofe que pierde parte de su potencia cuando apela a trucos de guión y a ciertos golpes de efecto para subrayar la épica de los integrantes de una familia que sobrevivir a un tsunami.
Un debut más que auspicioso para un realizador que mixtura la mirada sociopolítica y los elementos del género policial con bastantes más hallazgos que carencias.
Rodada con un vértigo, una tensión, una sofisticación, una precisión y una destreza técnica pocas veces vista, instala a Heisenberg como una de las grandes esperanzas surgidas de la Escuela de Berlín.
¿Está mal? No necesariamente, aunque se ubique muy lejos de mi interés. Es más, el film apela, especialmente durante su primera mitad, a un logrado sentido del humor.
Es precisamente ese dilema moral entre el beneficio individual y el colapso social, lo que genera una sensación incómoda y contradictoria en una película que expone, como pocas, el cinismo, la hipocresía y las miserias de Wall Street.
El largometraje en sí es de una solidez y potencia notables, empezando por la impecable puesta en escena, el notable aporte de los actores y el trabajo del DF Inti Briones.
Peter Berg consigue su mejor película hasta la fecha como guionista y director, con esta precisa, implacable reconstrucción de una trágica misión real.
Una trama que en ninguno de los aspectos desentona ni se destaca demasiado: tiroteos, persecuciones en camiones, melodrama centrado en la relación padre-hijo, una perspectiva un tanto sordida y, por supuesto, una moraleja.
La narración se nutre, se contagia de la sequedad, la aridez de ese universo gris, pero precisamente en el rigor, en la falta de concesiones y de demagogia está el principal mérito de este más que interesante film colombiano.
Es una de esas películas que se consideran "importantes" porque exponen las fallas del sistema. Resulta aleccionadora, ya que narra la historia de personas dispuestas a sacrificarse en formas inesperadas por alcanzar un noble objetivo en la vida. Sin embargo, a pesar de su mensaje, se siente en el fondo intrascendente.
Se sigue con bastante interés, destacando un buen manejo de la tensión y el suspenso. Es un digno exponente del género, aunque matizado por la corrección política de Hollywood.
Es un relato clásico, con un guión eficaz y quizá algo simple, pero indudablemente efectivo. Posee todas las características necesarias para convertirse en uno de esos entretenimientos dignos y, al final, reivindicables.
Lula merecía una aproximación cinematográfica mucho más rica que esta mera acumulación de lugares comunes del género de las biopics, cuyo único objetivo es la exaltación unidimensional.