Lo que podía haber sido un telefilm aleccionador y a puro golpe bajo se convierte en una más que digna y perturbadora película sobre conspiraciones y pactos de silencio.
Iñárritu va más allá de cualquier cuestionamiento con un esplendor visual y un notable dominio del lenguaje cinematográfico, evidenciado en sus virtuosos planos secuencia. Su categoría artística es algo que hoy en día pocos colegas pueden igualar.
Un más que digno producto de cine catástrofe que pierde parte de su potencia cuando apela a trucos de guión y a ciertos golpes de efecto para subrayar la épica de los integrantes de una familia que sobrevivir a un tsunami.
Un debut más que auspicioso para un realizador que mixtura la mirada sociopolítica y los elementos del género policial con bastantes más hallazgos que carencias.
Es una de esas películas que se consideran "importantes" porque exponen las fallas del sistema. Resulta aleccionadora, ya que narra la historia de personas dispuestas a sacrificarse en formas inesperadas por alcanzar un noble objetivo en la vida. Sin embargo, a pesar de su mensaje, se siente en el fondo intrascendente.
¿Está mal? No necesariamente, aunque se ubique muy lejos de mi interés. Es más, el film apela, especialmente durante su primera mitad, a un logrado sentido del humor.
Son los intérpretes, como Eastwood, Amy Adams, Justin Timberlake y John Goodman, quienes realmente destacan y salvan un filme que, en términos de historia y dirección, resulta bastante limitado.
El de Minujín es un trabajo notable y el de Winograd también resalta, ya que en la puesta en escena se evidencia la contribución única de un director de cine con habilidad, talento y pasión por la comedia.
Si esta reseña tiene una calificación de “Buena” es, básicamente, porque Sam Taylor-Johnson es una narradora prolija y eficaz, pero sobre todo porque Marisa Abela construye una caracterización magnética.
Es un documental que resulta excesivamente complaciente y oficial, abordando de forma superficial y tangencial muchas de las cuestiones más controvertidas del protagonista, mientras que desestima por completo otras.
El corazón del documental es la entrevista que Morris le realiza a Cornwell. La iluminación y el encuadre que utiliza el director, junto con la cuidadosa edición y musicalización de cada momento, nos sumerge en el tenso, sombrío y ominoso universo de sus obras.