El mayor hallazgo radica en cómo mezcla las imágenes, haciendo que barcos y trenes, agua y edificios, carteles de neón y ascensores coexistan con total naturalidad. El resultado es verdaderamente fascinante e hipnótico.
Perturbadora y provocadora, esta mezcla de thriller psicológico y terror minimalista, inspirada en el cine de Alfred Hitchcock, David Fincher y David Cronenberg, se alinea con los tiempos actuales de empoderamiento femenino sin caer en la sobreexposición.
Esta Fahrenheit 451 modelo 2018 deja gusto a poco. De hecho, la moraleja es tan obvia, que no dista mucho de lo que ofrecen sagas juveniles como 'The Maze Runner' o 'Divergente'.
Una perturbadora e incómoda exploración de la violencia, la homofobia y otros prejuicios. Más allá de cierto pintoresquismo para el mercado europeo, es una ópera prima que merece ser reconocida.
El film nunca logra la intensidad esperada, pues todo se desarrolla de manera que parece una serie de secuencias rápidas y vertiginosas, sin pausas que permitan una conexión más profunda.
Es pura provocación, de esas películas que dividen a la platea entre quienes creen que estamos ante un nuevo genio del séptimo arte y los que huyen despavoridos e irritados apenas se prenden las luces.
Liman desarrolla una narración que carece de hallazgos significativos en términos de tensión y suspenso, así como en la profundidad psicológica de los personajes.
Un film que está un poco por debajo de las expectativas. El film pocas veces alcanza la audacia, la potencia, la espectacularidad y el sentido del humor de los mejores momentos de la saga de 'Rápidos y furiosos'.
Se queda, así a mitad de camino, con cierta dignidad y corrección, es cierto, pero también con un tono dubitativo, como si tuviera un fuerte problema de identidad: no sabe bien qué quiere (ni puede) ser.
Con un guión más fluido y un toque de desinhibición, 'Chicas armadas y peligrosas' podría haberse convertido en una excelente comedia. Aunque no logra llegar a su máxima expresión, sigue siendo una opción que merece la pena.