El concepto original es ingenioso y la narración se presenta con vértigo y espectacularidad, sin embargo, 'Elementos' no logra fascinar ni seducir al espectador.
Con ciertas reminiscencias de 'Mulán', pero al mismo tiempo con un despliegue estético que remite por momentos a 'Coco', los realizadores confían en el poder de su narración y en la eficacia de su sencilla moraleja.
Confusa, caótica y vertiginosa, pero a la vez cautivadora gracias a su banda sonora, esta segunda entrega de la saga de DreamWorks nos invita a bailar y cantar, permitiéndonos desconectar de todo.
'Coco' es una película vibrante, divertida y llena de color. La factoría Pixar demuestra una vez más su excepcional creatividad al reconstruir la iconografía de los pueblos mexicanos y al imaginar el tragicómico y fantasmal universo de aquellos que ya no están, pero que de alguna manera siguen presentes.
Para quienes aprecian búsquedas más contemplativas, conectadas con lo lírico y lo sensorial, este primer largometraje de Wittmann se presenta como una experiencia valiosa y digna de recomendación.
Es de esas propuestas que divertirá a los cultores del cine trash en las trasnoches e irritará (e invitará a huir raudamente de las salas) a los espectadores desprevenidos. (...) Una película orgullosamente asquerosa.
Aún con sus desniveles narrativos y actorales, es una valiosa mirada a la problemática de la identidad a partir de un arrasador despliegue de creatividad y delirio.
Una tragicomedia romántica algo desconcertante en sus excesos, artificios y bruscos cambios de tono, pero que se termina imponiendo por la innegable gracia, sensibilidad, melancolía, audacia y ligereza de este mítico referente de la nouvelle vague.
Filmado sin coherencia ni un hilo narrativo claro, la película, más allá de la provocación y la transgresión deliberada, ofrece una interesante reflexión sobre la sociedad estadounidense y la supremacía del white trash.
Todo parece estar permitido, incluyendo los excesos y la falta de organicidad, así como algunas reiteraciones. Sin embargo, el resultado es asombroso: es un verdadero disfrute lleno de libertad y talento creativo.
Si bien a Serra le cuesta sostener ese nivel de fascinación durante los 98 minutos del relato, puede decirse con absoluta convicción que el desafío del segundo film ha sido superado con creces.
Los personajes se mantienen en el tono adecuado, evocando el mundo de Charles Dickens, a la vez que son fieles a la esencia que Roald Dahl creó en su literatura. Se logra así una representación satisfactoria.