Spielberg no sólo sale indemne sino incluso triunfante del reto tecnológico y del riesgo implícito de traicionar a los celosos cultores del arte de Hergé: la narración es bella y fluida, divertida y vertiginosa.
Estamos ante una buena película, es cierto, pero que al mismo tiempo nos deja con gusto a poco, sobre todo para una factoría que nos ha bendecido con tantos pasajes de Gran Cine, esos que aquí sólo aparecen en cuentagotas.
Johnston y su equipo presentan una narración más clásica, complementada con una estética retrofuturista y un estilo añejo que evoca los antiguos seriales.
Es un gran despliegue de medios de producción, mucho vértigo y la espectacularidad que todos exigen y agradecen. La factoría de Hollywood (Disney + Bruckheimer) en su máxima expresión.
No agrega demasiado a la fórmula de la trilogía anterior, salvo la inclusión de un 3D no demasiado bien aprovechado y un mayor despliegue de producción. El resto, es más o menos lo mismo.
La película se apoya en los clichés típicos del rockumental, la película de hogar y el detrás de cámaras, pero aun así presenta momentos de interés y una intensa carga emocional.
Un gran documental para un gran descubrimiento. Una incursión en una cueva que termina siendo una exploración -no exenta de lirismo- del alma humana y de un tiempo que parecía perdido.
El resultado visual es asombroso en muchos sentidos, desde el impresionante trabajo con la cabellera rubia de 21 metros que tiene la protagonista, hasta los pasajes de gran belleza y lirismo.
Los principales aciertos de 'Mi villano favorito' tienen que ver con la fluidez de la narración, la belleza de sus coloridos y extravagantes dibujos y el inteligente uso de las posibilidades de la animación tridimensional.
Los signos de agotamiento y la necesidad de recurrir a fórmulas y lugares comunes de la producción animada son evidentes en buena parte de los 93 minutos de la película, que de todas maneras se sostiene en buena medida por el encanto de sus protagonistas.