La apropiación indebida de la intimidad para luego hacerla pública es uno de los temas del momento y Brooker apela a una respuesta a-lo-Ludditas contra esos abusos de la tecnología. Una inquietante tragicomedia.
Una experiencia bastante desagradable y morbosa, el despliegue narrativo y visual en 35mm es encomiable. Sin embargo, como ensayo sobre las miserias de la sociedad contemporánea, resulta de una crueldad gratuita y artera.
Es una experiencia catártica y liberadora, una reivindicación del mal gusto y la inmadurez en tiempos en que todo es políticamente correcto, controlado, pulcro y bienpensante.
Una serie que intenta hacer una declaración sobre el empoderamiento femenino en estos tiempos cambiantes, pero lo hace con más torpeza que inteligencia en varias ocasiones.
Ingenioso y descarnado, intelectual e íntimo, irónico y noble, Burnham hace gala de una variedad de recursos expresivos que convierten a Inside en algo inteligente y entretenido hasta lo adictivo.
Por su audacia formal y su contenido explosivo, por su espíritu provocador y contestatario, por su riesgo, esta nueva película del director rumano destaca por una radicalidad poco frecuente en el cine contemporáneo.
La premisa es ingeniosa e inquietante. El problema es que las desventuras de Paul Safranek (Matt Damon) se van tornando cada vez más recargadas y subrayadas, lo que conduce a alegorías evidentes y moralistas.
Funciona bien en el terreno de la comedia pura, pero por momentos resulta un poco obvia en su exploración de las contradicciones entre el cinismo de la vida intelectual y el conformismo de la dinámica pueblerina.
Una mirada sin adornos a la comunidad griega en París, Ropert crea una película que, a pesar de su superficie aparentemente ligera, se alinea con el descontento, la incomodidad y el desconcierto de la sociedad francesa actual.
El problema principal radica en el guión, en los diálogos y en la dirección actoral de Marcos Carnevale, quien opta por un enfoque denso y solemne, que en ocasiones se siente excesivamente grave y con tintes de sadismo.
Arranca de manera impactante con una provocación intensa y un tono oscuro, pero posteriormente se deja llevar por los convencionalismos de un romanticismo que resulta tranquilizador.
El film resulta simpático y fluido, aunque también tropieza en algunos lugares comunes y estereotipos. La actuación de Ricardo Darín lo eleva, convirtiéndolo en una historia que vale la pena ver.
Tiene unos cuantos hallazgos narrativos, de guión, actorales y visuales. La película bordea el patetismo, la ridiculización de sus anithéroes, pero termina gambeteando los peores vicios y peligros.
Una ambiciosa pero siempre fascinante película, la habitual acumulación del cine del director se ve compensada por el talento de las actuaciones, no solo del dúo protagónico, sino también de los secundarios.
Apuesta en varios pasajes por la deriva, un camino zigzagueante que puede desconcertar e incomodar. Todo tan deforme, imprevisible y en varios momentos fascinante como podía esperarse de un nuevo proyecto de Donald Glover.