La película transita entre momentos de humor, toques de irreverencia y escenas sangrientas, pero no se puede negar que da la impresión de seguir una fórmula predecible. Es un filme que resulta fácil de ver, pero también se desvanece rápidamente de la memoria.
Esta quinta historia se ubica algo por debajo de las magníficas tres primeras temporadas, pero también bastante por encima del decepcionante cuarto año que se conoció en 2020.
El realizador estrenó la película más audaz y controvertida de sus casi dos décadas de carrera. Este film, profano, bizarro, macabro e hiriente, ofrece una amplia gama de material para el análisis artístico y, sin duda, generará un acalorado debate político.
Una experiencia bastante desagradable y morbosa, el despliegue narrativo y visual en 35mm es encomiable. Sin embargo, como ensayo sobre las miserias de la sociedad contemporánea, resulta de una crueldad gratuita y artera.
Es una experiencia catártica y liberadora, una reivindicación del mal gusto y la inmadurez en tiempos en que todo es políticamente correcto, controlado, pulcro y bienpensante.
Es exactamente lo que el lector puede imaginar: un film de acción construido a partir de buenas coreografías, violencia extrema y humor negro. Sin embargo, es Odenkirk la verdadera revelación y el principal motivo para ver esta película.
Por su audacia formal y su contenido explosivo, por su espíritu provocador y contestatario, por su riesgo, esta nueva película del director rumano destaca por una radicalidad poco frecuente en el cine contemporáneo.
Es una película mordaz e incómoda en su propuesta, pero al mismo tiempo bastante lograda, y en ciertos momentos, incluso irresistible, en su resultado final.
Es una exaltación de las aventuras infantiles y adolescentes y -sobre todo- una sensible y por momentos divertida reivindicación de aquellos que -no encontrando el afecto y la contención en la familia de sangre- lo hallan en una sustituta.
La película cuenta con una energía, un dinamismo, una maestría y un desenfreno inquietante que establecen al director coreano como uno de los más agudos observadores de las profundas desigualdades provocadas por el capitalismo extremo.
La película, más allá de cierta tendencia al subrayado y a la moraleja, encuentra en un portentoso elenco encabezado por Graciela Borges, Oscar Martínez, Luis Brandoni y Marcos Mundstock sus mejores momentos y atributos.
Heredero del cine mudo y hermano artístico de otro satirista como el sueco Roy Andersson, Suleiman transmite mucho con poco. Convierte la austeridad en un culto y emplea la inteligencia como una poderosa herramienta.
Quizás los elementos no sean particularmente novedosos, pero este festival de sangre y gags coproducido por la mítica Hammer está muy bien construido y se disfruta de principio a fin.
Es una película que se deja ver con cierto agrado, pero que pierde su espíritu satírico inicial y termina demasiado atado a una corrección política que seguramente celebrará su mensaje.