Película sobre segundas oportunidades, que resulta algo obvia y predecible. Sin embargo, logra mantenerse gracias a unas simpáticas observaciones en la primera mitad, así como al carisma de Grant, aunque a veces parece operar en piloto automático.
Se trata de un salto de ese autor ultraindependiente como Dupieux hacia las grandes ligas de la industria audiovisual de su país. Y lo hizo sin perder audacia, irreverencia ni creatividad. Misión cumplida.
Se permite todo tipo de guiños cómplices, referencias, homenajes satíricos y juegos narrativos con muchos más logros que carencias. El resultado es un film tan lúdico como llevadero.
Personajes que están siempre en los bordes, imponentes lobos y situaciones extremas tratadas con absoluta libertad y sin solemnidades conforman el universo único de uno de los directores más personales del cine francés.
Las tres horas de acción, un poco más que la duración de una película convencional, ofrecen algunas escenas inspiradoras y una narrativa dirigida por Jim Field Smith que destaca por su simpatía y fluidez.
Regala todos los mejores atributos de su cine: delirio, humor absurdo, virtuosismo formal y una infrecuente capacidad para seducir con un ingenio a lo Quentin Tarantino y entretener con nobles recursos narrativos.
La dirección del realizador vietnamita destaca por su elegancia y cuidado estético indiscutibles. La actuación de la pareja Magimel-Binoche realza cada plano en el que están presentes, aunque a esta película le falta la profundidad que se esperaría en la competencia principal de Cannes.
Hay unos cuantos planos y un puñado de escenas donde se manifiestan el talento y la creatividad de Strickland. Sin embargo, en gran parte de las casi dos horas de 'Flux Gourmet', lo que predomina es una sensación de decepción, frustración e irritación.
Aja consigue una narración tan impactante en su despliegue de efectos visuales generados por computadora como eficaz en su elemental entramado dramático.
Aunque es una película menor y menos precisa en la trayectoria de Kore-eda Hirokazu, conserva su distintiva impronta, su relevancia social y un humanismo que resiste al cinismo, características que definen a este director ineludible.
Es una película en apariencia ligera y muy divertida, pero con un sustrato decididamente oscuro y pesimista. Debajo de la gracia de sus gags y del tono liviano, se oculta una obra ácida y perturbadora que explora la condición humana y el sentido de la vida.
Casi nunca logra la fluidez, la credibilidad y los climas necesarios para ser una buena película de aventuras para preadolescentes, lo que impide que se convierta en un entretenimiento verdaderamente estimulante.