No hay aquí golpes de efecto ni una vertiginosa acumulación de estímulos como acostumbra el cine de animación contemporáneo muchas veces carente de ideas.
Nos pasea por distintos géneros con una asombrosa ductilidad, audacia y creatividad, manteniendo una excelencia tanto narrativa como visual. Provoca la sensación de estar ante una obra genuinamente artesanal, impregnada del espíritu lúdico de ese niño-genio que es Burton, quien jamás ha perdido su esencia.
No hay cuestiones ideológicas ni dogmas religiosos que puedan suplir las carencias, simplificaciones y excesos dramáticos: 'Sonido de libertad' es un film mediocre en términos estrictamente cinematográficos.
Tiene nobles intenciones y una indudable solidez narrativa y dramática, pero hemos visto en películas previas del realizador belga apuestas a la vez más sutiles, profundas y provocadoras.
Resulta una película valiosa, que se sobrepone y trasciende sus propios excesos y limitaciones, a la hora de abordar la posibilidad (o no) de la redención y las segundas oportunidades.
El preciso guion y una narración sin estridencias ni golpes bajos que apela y reivindica el empoderamiento femenino se conjugan para una más que correcta película.
Propone algo muy novedoso, provocador e inquietante. 'I May Destroy You' sintoniza como pocas con estos tiempos tan confusos, contradictorios y cambiantes, lo que la convierte en una experiencia apasionante.
El dispositivo del documental es simple y efectivo. Existe un toque amarillista y sensacionalista en el tratamiento del caso, aunque es comprensible que sea complicado evitar algunos excesos morbosos.
Resulta un testimonio de una potencia, una minuciosidad y una verosimilitud incontrastables. Y, lo que eleva al film por sobre la media del género, es el análisis del contexto.
Una acumulación de penurias y violencia que ofrecen una mirada impiadosa y desencantada del estado de la sociedad. Mientras uno admira la composición de cada excelso plano, se nos somete a un crescendo de bajezas y miserias humanas.