Tiene un buen despliegue técnico y un sólido trabajo actoral, pero el guion acumula demasiadas subtramas, hace por momentos muy obvias las denuncias y -sobre todo en su segunda mitad- no logra sostener varias vueltas de tuerca.
Cumple casi a la perfección con su cometido: indagar, advertir, sintonizar con una problemática y una práctica bastante más extendida y tóxica de lo que las empresas están dispuestas a admitir.
Tan contundente como devastador, resulta un modelo de investigación y, sobre todo, de respeto y sensibilidad al abordar con paciencia y rigor el drama del abuso infantil.
Potente y atractiva película. El horror del patriarcado impregna todo el relato, pero 'El escándalo' afortunadamente es bastante más que un simple vehículo para lanzar consignas furiosas y combativas.
Las mujeres solían guardar silencio tras una violación. Moscoso desafía ese estigma de manera original, sin recurrir a lugares comunes ni excesos, y lo hace con sensibilidad y valentía, utilizando los recursos artísticos a su disposición.
Un film que no irrita, pero al que un poco más de riesgo y audacia le hubiesen venido bien dentro de esta exploración de una familia de clase media-baja que se ve inmersa en el submundo criminal.
La directora alemana presentó una inquietante y angustiante descripción de las vivencias de una mujer tras sufrir un abuso sexual, logrando transmitirlo de una manera sutil y muy inteligente.
Una historia que -más allá de algunas indecisiones narrativas y de ciertos subrayados- resulta tan fascinante como perturbadora y, vista desde la Argentina de hoy, alcanza una actualidad y una dimensión hasta hace poco insospechadas.
Una secuela que en principio pareció como un epílogo alargado de la temporada original, pero que de a poco va abriendo nuevas subtramas y alcanzando sus logrados momentos de intensidad shakespeareana.
Incómoda y desconcertante. Es toda una audacia en un cine que suele ser políticamente correcto y predecible, apelando a la moraleja subrayada y a la demagogia tranquilizadora.
El balance final resulta ser tan valioso como inquietante. Aunque en principio poco tiene que ver con el tono más lúdico y desprejuiciado de 'Joven y alocada'.
Este thriller psicológico apuesta por un tono cada vez más pesadillesco y ominoso, en un auténtico descenso a los infiernos personales. Una película seca, potente y angustiante.
Aunque la película es muy gráfica en la representación del caso en cuestión, evita criticar abiertamente a la Iglesia. Sin embargo, al final, se percibe más como una denuncia de un caso aislado de perversión en lugar de una representación de un comportamiento que fue bastante extendido.
Es una película audaz e inteligente, que gestiona muy bien las distintas lógicas de cada personaje. Estas características suelen ser escasas en el cine industrial.
Un ambicioso, fascinante e intrincado largometraje de más de dos horas y media de duración que logra sostenerse desde lo narrativo, lo visual y lo actoral con méritos propios.
Más allá de la noble y esforzada interpretación de Rachel Weisz, esta película no excede el marco de la denuncia obvia, explícita, bienintencionada y políticamente correcta.