Berry entrega una de esas interpretaciones ideales para la temporada de premios, principal mérito de una película demasiado encerrada en su propia fórmula dramática.
'Faith' registra de manera sorprendentemente íntima la convivencia de una veintena de hombres, mujeres y niños en una granja alejada de cualquier centro urbano. Un grupo religioso cuya fe es canalizada a través del líder.
Narra la historia del legendario Ip Man, el primer maestro de Bruce Lee, pero lejos de priorizar las artes marciales acentúa la soledad del personaje, al que retrata con su habitual barroquismo.
A lo que más se parece 'Medianoche en Switchgrass' es a uno de esos típicos productos “directo a video” de los años 90: esquemático, previsible, derivativo, eficaz en un sentido mucho menos que elemental.
Mezcla mitad y mitad de policial de investigación y película de terror demoníaco, 'Líbranos del mal', es algo así como una mesa de saldos y retazos de un imaginario local de venta de guiones.
Un relato psicológico que mantiene una intensa tensión y suspenso, acompañado de una profunda reflexión sobre la influencia del cine y su conexión con los espectadores.
Es una particular road movie en la cual la evolución del paisaje no genera cambio alguno en los personajes, apenas una reafirmación de que la protagonista es dueña de muchos recursos a la hora de perseguir su meta, a pesar de sus obvias limitaciones.
Usualmente, cuando una película presenta situaciones y personajes como si fueran peones narrativos sacrificables sin reparos ni remordimientos, se enfrenta a un significativo problema narrativo, estético y ético.
No incurre en los horrores del espacio exterior. Tampoco en los tópicos de la acción al uso. El suspenso en la película de Penna está planteado en términos lógicos.
Roberts no se toma demasiado tiempo para poner en marcha la excusa narrativa; el prólogo se siente, en más de un sentido, como un simple obstáculo que nos aleja del núcleo del relato. Solo hay un par de apuntes psicológicos sobre la protagonista que actúan como leves toques de color.
Con el único fin de disponer y sostener el suspenso en sus poco más de ochenta minutos. En esa falta de ambiciones, encuentra las mejores armas para lograr su principal y modesto objetivo: que la empatía genere reacciones físicas en el espectador.
El resultado es tan básico que parece diseñado por una inteligencia artificial que estuviera en pleno aprendizaje del abecé del mainstream animado made in Hollywood.
'Penguin Bloom' camina todo el tiempo sobre la delgada línea que separa la emoción de la sensiblería. Sin embargo, más allá del abuso momentáneo de la música incidental, el de Ivin es un film medido, delicado.