No busca proporcionar más de lo que puede, y en esa ausencia de ambición –al menos hasta el clímax, que resulta un tanto exagerado y, sin duda, poco creíble– halla un modo de transmitir sus modestos pero efectivos placeres visuales.
Comedia desenfadada que no se toma en serio a sí misma, 'R.I.P.D.' parece una de esas películas filmadas en automático, pero en la que los actores se divirtieron enormemente frente a la pantalla azul.
Este film independiente está nominado a cuatro Oscar porque toca las teclas adecuadas en los momentos precisos, mientras se debate entre el cuento de hadas y el regreso del realismo mágico.
Bourboulon busca revitalizar la célebre historia de espadachines al regresar a sus orígenes y eliminar los elementos más ligeros de versiones anteriores. Esta aproximación le da un nuevo aire a la trama, destacando su esencia original.
Vuelve a narrar las aventuras de los espadachines más famosos de la literatura francesa. Pero ahora se entrega de lleno a la acción, que por momentos se acomoda a gusto en los ritmos y energías del cine de Hollywood.
La película muestra un delicado equilibrio entre realidades y ficciones. Sin embargo, el desarrollo se vuelve predecible en varios detalles, aunque se presenta con una gracia y efectividad clásicas.
Con referencias más o menos explícitas a Stephen King, el realizador narra un tradicional cuento fantástico más concentrado en la trama y en generar cierto suspenso que en hacer saltar al espectador con golpes de efecto. Pero al final desbarranca.
Maria Bello es casi lo único positivo de esta residencia embrujada; cada vez que su personaje toma el control de la escena, la película mejora un poco. Sin embargo, esto no es suficiente.
A Piperno le atraen las posibilidades del cine como una herramienta para generar ilusiones, fantasías y misterios. En lugar de estructurar una realidad específica mediante técnicas cinematográficas, su enfoque se centra en evocar lo onírico como un universo paralelo.
Cerca del psicodrama teatral, las escenas se acumulan pero nunca van más allá de la superficie que la directora intenta horadar, reservando para los últimos minutos alguna que otra vuelta de tuerca extrema para generar un interés tardío.
Extraña, despareja, ecléctica, singular, ligera, imprevisible. Todos esos adjetivos, entre otros, pueden aplicársele a 'Mujer conejo', el nuevo largometraje de Verónica Chen.
El guion del propio Hosoda mantiene el interés durante toda la proyección, evitando caer en la sensiblería y convirtiendo la simple aventura de crecer en un fuerte relato sobre lo que significa ser un niño.
La nueva 'Jumanji' avanza de manera lineal por los espacios del tablero, combinando momentos bien logrados con otros que parecen estar anclados a diversas fórmulas preestablecidas.