De la Iglesia presenta una de sus obras más sobrias hasta el momento, casi como un manifiesto en contra de los problemas económicos que afectan a su país y a una parte de Europa. Sin embargo, en esta ocasión, eso no resulta ser algo positivo, sino más bien lo contrario.
Aunque la historia de dos hermanos que no se hablan desde hace tiempo y que vuelven a reunirse puede parecer cliché, en manos de la directora de 'Una novia errante' se transforma en una experiencia extraña, intensa y, en ciertos momentos, inquietante.
Entre la sátira y el grotesco, entre la burla y el escarnio, y con tantos blancos a la vista, la película termina apuntándoles a todos y a nadie al mismo tiempo.
Autoconsciente y en ocasiones decididamente inclinada hacia el absurdo paródico, la película protagonizada por Ryan Reynolds y Hugh Jackman se queda sin sus mejores gags demasiado pronto.
El realizador rumano demuestra una vez más su brutal honestidad y humor cáustico en esta película de múltiples matices, que refleja los efectos de las nuevas formas del capitalismo.
A Strickland le importan menos los sustos que la construcción de un clima crecientemente enrarecido, por momentos perverso, en otro definitivamente humorístico, siempre sorprendente.
Sufre de un efecto collage que va acentuándose con el correr de los minutos y las escenas, que comienzan a apilarse sin demasiado cuidado por la continuidad ni la lógica dramática.
Se nota que Jordan Peele busca subvertir los códigos del cine de terror, siguiendo la línea de John Carpenter o George Romero, como una forma de realizar sátira social.
Con un tono de humor absurdo y oscuro y un blanco y negro que, por momentos, recuerda a algunas películas de Aki Kaurismaki, el primer largometraje de Xavier Seron logra ser extremadamente humano a pesar del grotesco que exuda cada uno de sus poros.
Sin abandonar un tono ligero, que puede ser percibido como una limitación narrativa o como la mayor virtud de un film, no logra sorprender del todo, aunque evita caer en los lugares comunes.
En varios momentos 'Doble discurso' revela que su verdadera lucha es por adquirir un alma cinematográfica genuina, mientras avanza por caminos ya recorridos por otras películas de manera previsible y algo cansina.