Murga sigue manteniendo su preferencia por la construcción más bien impresionista del relato, con escenas que apuestan más por el clima que por la propulsión dramática.
Es una historia dura, seca y amarga, ese realismo social fotografiado en tonos cercanos al blanco y negro que transmite permanentemente la sensación de que la tragedia acecha constantemente.
La película concluye una trilogía que se siente poco impactante y casi olvidable. Parece que con todo el material disponible se podría haber realizado una sola película sin que se perdiera mucho en el proceso.
Es una película de momentos, algunos muy bellos y originales, pero parece ser una película solo de epifanías y momentos 'especiales' que empiezan a volverse en exceso repetitivos.